Publicado en Facebook el 14 de Mayo de 2014
Lo que mal empieza, bien acaba (mi crónica de la Transvulcania 2014)
Pues sí, la cosa empezó fatal, aunque ahora lo pienso y la situación me
resulta cómica. Mi hermano y su mujer me iban a recoger el jueves a las
05’45 para llevarme a la Estación del AVE; yo me fui a la cama
tras haber preparado concienzudamente mi maleta dejando todo
perfectamente ordenado. Suena el despertador, me levanto, meto el
neceser en la maleta, y cuando son las 05’25 me dispongo a cerrarla con
el candado que el día anterior había comprado en un chino, candado con
“arco reforzado” según ponía en el envoltorio. Cierro el candado, y cómo
escucho algo extraño me da por meter la llave para ver si se ha cerrado
bien….en esos momentos descubro, aterrorizado, que la cerradura se ha
roto. La llave no abre, pruebo las tres llaves y ninguna abre, de hecho
se ve la cerradura rota. Empiezo a sudar, miro el reloj, no sé muy bien
qué hacer….saco la caja de herramientas y empiezo a tratar de
forzarlo….nada, el arco sí que está reforzado sí, no hay forma. Los
minutos van pasando, me duelen los brazos de tanto hacer fuerza tratando
de abrir el puto candado, pero no hay forma. A la desesperada bajo al
garaje, cojo otra maleta, subo a casa, y con unas tijeras destrozo la
maleta inicial y saco todo de su interior en plan bola y lo meto en plan
bola 2 en la otra. Y busco un candado y mira por donde encuentro otro
(de los chinos también) que uso cuando voy al gimnasio….¡problema
solucionado!
Mientras me llevan a la estación les cuento la película y se mean de risa, ya allí, desayunamos y me subo al AVE por primera vez. A la que me descuido estoy en Madrid, porque el bicho ese anda cómo la hostia. En medio del gentío consigo encontrar el tren que me llevará a la T4 y en otros 30 minutos ya estoy en Barajas. Para no variar, mi vuelo aún no está anunciado, por lo que me dedico a deambular, a desayunar por segunda vez, y a observar al personal. Me fijo que entre las miles de personas que van y vienen, hay gente con rasgos similares: zapatillas de trail, mochilas de hidratación, GPS en las muñecas…..algo que me dice que van donde yo voy. Mis sospechas se confirman cuando el vuelo a La Palma se anuncia: diría que el 95% de los pasajeros son corredores de trail dispuestos a vérselas con la Transvulcania. En el avión voy con una pareja que en principio, me daban la sensación de no ser corredores (iban vestidos “normales”), posteriormente me cuentan que sí y que él va a hacer la ultra. Charrando de carreras y de estas cosas nuestras, ya veo por la ventanilla la pista de La Palma y me acojono un poco porque es muy pequeña…cómo este piloto no apure me doy el primer bañito de la temporada…pero aterriza y apura cómo las maquinillas de afeitar que anuncian por la tele. Al aplauso ese que muchos dan cuando se aterriza (lo odio), le sigue un clamor gritando “Transvulcania, Transvulcania” que me hace recordar a las tribus salvajes. Cojo el coche de alquiler, llego a mi apartamento (precioso y gigante…demasiado apartamento para mí solo), me “disfrazo” de guiri con mi pantalón corto y mis sandalias, y me voy a por el dorsal porque sé que el viernes esto será un hormiguero. Lo recojo, me doy una vuelta, y llega la hora crítica para mí: la de ir a cenar a algún sitio. Y digo crítica porque siempre que salgo de viaje y veo a alguien comiendo o cenando solo pienso “pobrecito, nadie le quiere acompañar”, y ahora el pobrecito soy yo. A punto estuve de irme al apartamento y comerme un bocata, pero al final me decido y entro en una pizzería, donde todos me miran pensando “pobrecito, nadie le quiere acompañar” pero a mí se me olvida tras una cerveza y un chupito. Y a dormir, sabedor de que iba a ser la única noche de buen dormir allí. A la mañana siguiente, tras un espectacular desayuno, llamo a Eduardo y me confirma que él y Javi ya están en el aeropuerto. Cojo el coche y me voy a verlos, feliz ya de no estar solo. Cómo el avión de los Setabenses viene con retraso, finalmente nos vamos los tres con mi coche a Los Llanos de Aridane, ya que es allí donde todos se alojan. Tras medio arreglar el tema de sus habitaciones allí, nos metemos en un supermercado-bar a almorzar, dándonos una alegría cuando nos dicen que los bocatas son a 1’80 euros. Me tomo una cerveza, alguno se toma tres, y enseguida aparecen los corredores de Xátiva que se unen al almuerzo. Posteriormente volvemos a Los Cancajos a recoger a los dos miembros de la expedición que faltaban, y tras recoger dorsales nos vamos a comer……ay la comida…teníamos mesa a las 14’45 y empezábamos a comer a eso de las 17’00….tal era el jaleo de gente que allí se congregaba. Entre risas, cervezas, farolas que se caen de manera espontánea, puros canarios, y cánticos de algún aprendiz de tenor, pasamos un rato realmente agradable, una comida que siempre recordaré. Luego ellos vuelven a sus guaridas y yo vuelvo a mi soledad. Esta vez no me voy de cena porque la comida había finalizado a las 6 y pico y yo estaba hinchado. Algo de fruta y a la cama, que aunque me quería dormir pronto, los nervios (y el concierto que estaban dando los de La Unión en la Feria del Corredor) me impidieron dormirme a una hora decente. La alarma debía de sonar a las 2 de la mañana, pero a la 01’40 ya estoy despierto. Me levanto de la cama y empiezo a preparar lo que me falta: llenar botellas, distribuir material en la mochila, vestirme de “corredor”, etc. Desayuno, hago mis dos visitas preceptivas a Roca, y me voy al armario. Sí, me voy al armario porque dentro del mismo están los protagonistas de muchos quebraderos de cabeza durante las semanas, días y horas previas a la carrera: mis bastones. Sé que son de gran ayuda, que te ahorran fuerzas en las subidas, sé que la última carrera que hice sin ellos (Chiva) fue un desastre, pero aun así, siento que no debo llevarlos. Ya sé que suena raro, pero Transvulcania era algo con lo que soñaba desde hace mucho y no quería que hubiera nada “físico” entre ese recorrido y yo, quería hacerlo sin más ayuda que mis piernas, quería hacerlo “puro”, no sé muy bien cómo explicarlo; pero a la vez, era totalmente consciente de mis limitaciones cómo corredor, de mis carencias, de mis puntos débiles (las cuestas), y si Transvulcania tiene algo, eso son cuestas. Finalmente los miro y les digo “hasta luego, no os necesito”, y salgo del apartamento….. Parece mentira, pero son las 02’45 y todas las calles están llenas de corredores y corredoras andando en una misma dirección: a la parada de Guaguas (autobuses en Canario). Y a cada paso que doy me voy cagando más de miedo porque diría que el 80% de esos corredores llevan bastones, y los que no los llevan, tienen pinta de máquinas, de devoramontañas. Me subo al bus y a mi alrededor solo veo bastones….estoy a punto de decir al conductor: “jefe, espere un segundo que voy a por una cosa y vuelvo”, pero el autobús arranca y nos ponemos rumbo hacia Fuencaliente. Voy cagado de miedo, cómo un gladiador que está a punto de salir a la arena sabedor de que es un canijo y de que le espera un gigante musculado, aun así intento convencerme de que puedo hacerlo sin bastones: ”tú eres capaz, tú eres capaz” repito en mi mente cómo un mantra, y llega un momento en que me lo creo y me relajo. La relajación dura poco, ya que al rato, entre las nubes que hay por debajo de la carretera por la que circulamos, veo el Faro de Fuencaliente. Ese Faro entre la niebla, la luna, la oscuridad….y están muy abajo. Quiero decir que sé de sobra que todo eso que estamos bajando lo voy a tener que subir dentro de un rato….y mi miedo se convierte en pánico. Aparecen unas luces azules destelleantes de la Guardia Civil que están cortando el tráfico, la guagua se detiene, se abren las puertas, y bajo a un mundo soñado y a la vez temido: la salida de Transvulcania. Me recibe con un viento huracanado, frío, y con miles de granos de arena volcánica que se clavan en mi piel. Busco a los valencianos en el Faro, donde habíamos quedado, pero no están. Busco refugio detrás de unos muros de piedra porque el viento es muy fuerte y porque el frío es intenso….son las 4 de la mañana y o me refugio y me siento, o lo voy a pasar mal. Me siento junto a una pareja de mexicanos, mientras trato de hacerme con mis amigos vía móvil….ná de ná…o están apagados o no los cogen. Asumo de nuevo mi soledad, dejo la bolsa que me llevarán a meta, y bajo hacia la zona de salida, con la inmensa suerte de encontrarme con Eduardo. Posteriormente nos vamos encontrando con los demás, y al juntarnos los 8 nos hacemos algunas fotillos y pasamos el control de chip. Ya estoy en ese lugar soñado, rodeado de más de 2000 corredores que cómo yo, necesitan recorrer esos 73’3 kms míticos. El ambiente es brutal, en la ladera de la montaña se proyectan los minutos que faltan para que empiece la carrera, y el speaker (Depa) va calentando el ambiente anunciando a los corredores de élite que van llegando: Kilian, Emilie, Anna, Timothy, Luis Alberto, Uxue….están todos aquí, toda esta gente que me deja hipnotizado con sus hazañas se encuentra bajo el mismo arco de salida que yo. Y a nuestro alrededor, gente y más gente que se va reuniendo para vernos salir….y eso que no son ni las 6 de la mañana, hace mucho viento y frío, y este Faro está alejado de todo. En un momento dado, el speaker nos dice que encendamos los frontales y que saltemos, que levantemos los brazos…..en esos momentos no puedo ni hablar, tengo un nudo en la garganta, no me pongo a llorar por pura vergüenza, pero en esos momentos dentro de mí solo hay alegría y emoción….las canciones cada vez son más animadas, la gente saltando, todo empieza a ser cómo un acelerón motivacional, un continuo subidón conforme pasan los minutos, una especie de locura colectiva, un ritual para alcanzar el éxtasis que Depa maneja con habilidad…“que saluden los del Faro” grita el speaker y desde allá arriba todos nos saludan….y empiezan a sonar los ACDC…..no sé cómo explicar lo que sentía en esos momentos, era algo mágico, bestial, un subidón tan intenso que desearía tener uno cada día…..no puedo ni hablar de la emoción…y de pronto me veo gritando junto a más de 2000 corredores “8,7,6,5,4,3,2,1….”… y aquello empieza a moverse, la visión hacia detrás y hacia delante es espectacular….miles de luces corriendo…..a los pocos metros llegamos al único “pero” de la carrera: si metes a 2000 personas por un sendero estrecho en el que solo cabe 1, pues se tapona; y sí, se hace un tapón impresionante. Tan impresionante, que cuando salgo del mismo han pasado 13 minutos y solo he recorrido 300 metros… Y es entonces cuando empieza la carrera de verdad, es entonces cuando nos metemos en la tarea de ascender sin tregua casi 2000 metros en 16 kms; subimos entre la noche por un sendero muy empinado, un sendero de arena volcánica, es cómo correr por la playa pero por una cuesta eterna. No dejo de mirar arriba y abajo viendo ese sendero de luz que vamos dejando con los frontales; y pese a las horas que son, y el mal tiempo, aquello está lleno de gente de La Palma animándonos. He ido a carreras con buen ambiente, pero esto no lo había visto jamás, y todavía no sabía lo que me esperaba. Seguimos subiendo, esta vez por pista, y para mi sorpresa veo que puedo correr cuesta arriba…¡y sin bastones!....no obstante voy muy suave porque sé que me queda mucho por delante. Al rato empiezan a pasarnos los del medio maratón, que habían salido a las 06’30 del Faro…¡cómo corren los de la élite!....de nuevo un sendero estrecho y llegamos a Los Canarios. Allí, pese a que son las 7 de la mañana, no cabe nadie más en las calles para animarnos…..no sé, te hacían sentir cómo si fueras tú el que iba el primero, era absolutamente increíble lo que esa gente hacía….vamos, difícil andar, aunque allí las cuestas eran muy duras. Salimos del pueblo y pasamos por unas subidas tipo escaleras realmente duras, y poco a poco vamos subiendo y metiéndonos en zona de bosque y luego zona tipo volcán pelado. Mis piernas funcionan al 100% pero las cuestas no dan tregua, vamos ganando altura y observo algo también nuevo para mí: nadie habla. La gente va concentrada en subir y nadie tiene ganas de malgastar sus fuerzas en hablar, el viento “colabora” soplando en contra (lo que endurece la subida) y quitándote toda la energía que pudieras tener. Voy viendo paisajes que he visto mil veces en fotos, veo el Océano, el mar de nubes, el Teide, dos islas más (creo que el Hierro y La Gomera)….es alucinante el paisaje. Llega un momento en el que miro para atrás y me quedo hipnotizado al ver una montaña y un sendero que yo tenía puesto de protector de pantalla en el trabajo…¡estoy aquí!....impresionante. Seguimos subiendo y me encuentro con Sergio. Tiene buena cara, nos hacemos una foto y me dice que solo Javi va delante de mí….me despido y me pongo a correr porque hay un trozo cuesta abajo. Empezamos otra subida larga, muy larga, no sé si sería la que llaman “El Reventón” pero a mí casi me revienta. Era muy empinada y la superficie era tipo gravilla, pero volcánica. Conforme pisabas te hundías y la sensación era de no llegar nunca arriba. Llegamos, otro avituallamiento, y ante mí otra cuesta que había visto mil veces en fotos….y sí, es tan dura cómo parecía en las fotos. Sigo subiendo, bastante bien por cierto, y aquello se hace llano un poco y me pongo a correr. Y chino chano, y aprovechando las bajadas, llego a El Pilar en 4h 37m. El Pilar es un gran avituallamiento instalado en una zona de picnic, a la vez es la meta de los que hacen la media y la salida de los que hacen el maratón. Allí como, bebo, me pongo la gorra y la crema solar, y a correr de nuevo. Vienen los únicos kilómetros “medio” llanos, porque en realidad es un sube baja suave al principio, y porque desde aquí hasta el km 50, lugar donde se empieza a bajar, me quedan otros 2000 metros de subida; el paisaje cambia por completo y hay mucha vegetación, flores…realmente bonito. En un momento dado ya se ve la Caldera de Taburiente, y en lo alto, los observatorios del Roque de los Muchachos, el punto más alto de la carrera. Aunque parece que están ahí mismo, sé que quedan al menos 20 o 22 kms para llegar hasta allí. Poco a poco nos vamos metiendo en la cresta, la vegetación va desapareciendo y todo se vuelve más agreste, más “hostil”, y allí casi todo es cuesta arriba, aunque hay algunas bajadas “aprovechables” pero muy técnicas. El paisaje es brutal, no se puede describir con palabras, hay que estar allí para sentirlo y para sentirse tremendamente pequeño ante todo aquello. En un momento dado, el viento desaparece, y en su lugar llega un calor extremo. Empiezo a pasar a gente del maratón, y empiezo a ver a gente que se retira, a gente estirando porque tiene calambres, un corredor vomitando…Transvulcania empieza a enseñar sus dientes. Yo me encuentro perfecto, no me lo creo ni yo. Subo andando pero rápido, adelantando a gente, y en las bajadas corro y adelanto a muchos más. Todo va bien hasta que tras el avituallamiento del km 45 o 46, cuando me quedan 4 kms para el Roque, empiezo a notar que algo me pasa. Primero es con la isotónica: si bebo me entran unas arcadas terribles y mi estómago ruge, por lo que me paso al agua. Conforme me voy acercando al Roque, con el agua me pasa lo mismo….pienso “tu estómago necesita comida de verdad” y trato de mantener el ritmo, aunque el intenso calor, y los tremendos cuestones que nos tienen preparados aquí, me hacen mella. Paso junto a los observatorios (¡¡que pasada!!) y cuando estoy a 10 metros del avituallamiento, me entran ganas de vomitar. Cojo un plato de macarrones y una cocacola, me siento y trato de comer….pero apenas puedo y aquello se hace una bola seca en mi boca. Me noto mal, desorientado, todo lo hago a cámara lenta, creo que estoy entrando en una especie de shock…los corredores a mi alrededor están cómo yo: mirada perdida, algunos con la cabeza entre las piernas…..sí, pienso en retirarme, de hecho casi lo tengo claro porque me siento fatal; esto me encanta pero no quiero poner en riesgo mi salud…pero pienso en mi mujer y en mi hija, en lo que me han apoyado y en esta confianza que han puesto en mí, pienso en mis amigos, en mi familia, en la gente que me lee en el Face, en el sacrificio económico que ha supuesto el que yo esté aquí…..retirarse ahora sería un fracaso total. Consigo mal comer medio plato y pese a que sigo igual tomo una decisión: sigo para abajo….si me encuentro igual de mal, me retiro en el siguiente control. Del Roque a Tazacorte (pueblo en la playa que es la meta del maratón) hay unos 18 kms de bajada brutal. 2400 metros de desnivel tremendamente técnico y difícil….a estas alturas, es una tortura para las piernas. Yo no lo sabía, pensaba que desde el Roque era un paseo, pero os juro que llegué a echar de menos las cuestas. Empiezo a bajar y al principio solo puedo andar porque me siento con ganas de vomitar. Pese al calor extremo, solo puedo beber pequeños sorbos de agua para humedecer la boca, algo que me asusta porque sé que si no bebo me voy a deshidratar bajo este sol abrasador. Poco a poco, no sé si por los macarrones, o si por ir perdiendo altura y estar menos expuesto al sol, voy sintiéndome mejor. De hecho, vuelvo a correr cómo siempre, y paso a un montón de gente. Vuelvo a ser feliz, el bache ha pasado, pero llegando a El Time me empieza a pasar lo mismo, se ve que con el movimiento que se genera al correr, el estómago se revuelve y vuelven las arcadas. Antes de eso, había visto a muchos corredores tirados bajo los árboles, otros con calambres, a una corredora a la que tuvieron que bajar en helicóptero…en resumen: una escabechina. En El Time veo a corredores en camillas con goteros puestos, aquello más que un avituallamiento parece un hospital de campaña. Pido un protector de estómago y me dicen que no tienen, pero un corredor me comenta que le había pasado lo mismo que a mí y que se le había ido con una cocacola. Pregunto y no tienen cocacola aquí, se les ha agotado…..bebo agua con hielo, mojo la gorra, e inicio la bajada hacia Tazacorte. La bajada a Tazacorte era algo mítico para mí. He visto vídeos de esa bajada y siempre me han dejado alucinados. Es un zig-zag por un sendero empedrado, muy empinado, y a tus pies aparece de repente el pueblo y la playa. Pero antes de llegar a ese punto pasé por otros sitios en los que apenas podía correr por las dichosas arcadas. Vuelvo a repetir que lo más increíble de la carrera es la gente de la isla….aparte de la animación, en un par de casitas los niños habían montado sus “avituallamientos” sacando jarras de agua y vasos de cristal, así cómo comida, que te ofrecían a tu paso…..no sé cómo podría agradecer algo así, pero fueron gestos que pese a ir hundido, me levantaron la moral; incluso unos no tan niños me ofrecieron un vaso de vino….no me lo tomé por lo de las arcadas, que si no me lo hubiera cascado sin pensarlo. Y estas cosas hay que contarlas, que ya está bien de contar solo cosas malas del ser humano, hay gente maravillosa, y en La Palma me encontré a muchos de ellos. Llego a los “zig-zags” y me pongo a correr pese a las arcadas, porque ese tramo hay que hacerlo corriendo y punto. Allá abajo, muy abajo, veo a público mirando y tú bajando y bajando y nunca llegas abajo…..poco a poco vamos acercándonos a la playa, huelo a calamares (ummmm), los niños y sus padres nos aplauden y jalean en bañador….llego a la playa de Tazacorte, ambiente brutal, un paseo marítimo lleno de gente que te aplaude, que te anima, que te hace sentirte especial….llego al avituallamiento y una voluntaria me recibe con un vaso de cocacola…me lo bebo de un trago…le pido otro…me lo bebo de otro trago….meto la cabeza en un barreño de agua, y salgo cómo un cohete a por esos últimos casi 5 kms que me quedan hasta meta. Nos meten por la playa, y luego por un barranco que parece Petra pero en pequeñito. Un corredor me dice que ahorre fuerzas porque aún queda un cuestón de casi 400 metros de desnivel para llegar a Los Llanos de Aridane, la deseada meta. Empiezan las cuestas finales y descubro que mis piernas están perfectas. La cocacola me ha devuelto a la vida (y yo durante años criticando esa bebida) y adelanto a todo quisqui por la cuesta. Justo antes de llegar al pueblo veo a un grupo de niñas acompañando a una corredora…al pasar a su lado veo que les están comentado a sus madres que se han hecho amigas de ella, la madre les hace una foto junto a ella…y es que aquí, en La Palma, la gente considera a los corredores poco menos que héroes, cuando los verdaderos héroes son ellos. Entro al pueblo, mucho ambiente, un corredor cojeando y los de su club ayudándole….giro a la izquierda, luego a la derecha y veo ante mí una recta larguísima (casi 1´5 kms)…al fondo un arco…..me pongo a correr cada vez más rápido. La gente se agolpa en la calle y me gritan y me animan, no solo los que están en la calle, si no los que pasan por las calles adyacentes. Todos los niños extienden los brazos para que les choque la mano, y cuando lo hago, ellos y sus padres me dan las gracias. Voy corriendo y disfrutando del momento, del mejor momento de cualquier carrera, porque para mí lo mejor no es pasar por el arco de meta, lo mejor es cuando tomo conciencia de que nada ni nadie me va a impedir que pase, cuando sé que lo he conseguido aunque aún no he llegado. Y en esos momentos sé que la Transvulcania es mía, que ya nada evitará que sea finisher. Poco a poco me voy acercando, cada vez más gente me anima, en ocasiones me da hasta vergüenza porque me hacen sentir cómo si fuera alguien de élite cuando no dejo de ser un manta….giro a la derecha, un niño extiende la mano y se la choco, y enseguida a la izquierda, y ahora sí, ya veo el arco de meta, la alfombra roja, eso que llenaba mis sueños desde hace mucho; voy dando la mano a la gente, todos la quieren tocar: los niños y los grandes…en un momento dado aquello se estrecha y extiendo los dos brazos y voy chocando mis manos a todo el mundo….es genial, el momento que tanto había esperado……luego dejo de chocar las manos y de un salto entro en meta tras 14h y 37 minutos de carrera. Lo conseguí, soy absolutamente feliz. Luego vuelta a la calma muy poco a poco…de hecho, aún ahora, cuatro días después, sigo en una nube. Todo había acabado bien, pese a que empezó muy mal. Pero el destino me tenía reservada una agradable sorpresa final, algo que no esperaba y que me encantó…la guinda de ese pastel llamado Transvulcania. Cuando iba a embarcar en al avión de vuelta a Madrid, me dicen que Kilian Jornet vuela con nosotros. No me lo creo, pero giro la cabeza y lo veo junto a Emilie y parte del equipo Salomon, incluyendo a mi admirado fotógrafo Jordi Saragossa. Abandono mi timidez innata y me lanzo a hacerme una foto con Kilian, alguien a quien admiro profundamente y que me sirve de inspiración. Al bajar del avión me hago otra foto con Jordi y él nos hace una a Emilie y a mí. Tras ello, taxi a Atocha, AVE a Valencia, y vuelta a casa. Y eso fue Transvulcania, una experiencia que jamás olvidaré. Sé que lo único que me voy a llevar de esta vida son las sensaciones, los sentimientos, esos momentos únicos e irrepetibles, y Transvulcania me ha llenado de ellos. Las risas con los amigos, ese viaje en coche donde vimos con asombro y cierto temor por primera vez la Caldera de Taburiente, la salida de la carrera, ese Teide allá a lo lejos, las islas, esos paisajes que había visto mil veces en fotos y en mis sueños, el Roque, la bajada de Tazacorte, esa niña dándome su vasito de agua en la puerta de su casa, la entrada en los Llanos y en meta….momentos únicos e irrepetibles. ¿Lo mejor del viaje?...bueno, la carrera es espectacular, dicen que es una de las más duras del mundo…yo no sé si lo será porque no he hecho tantas cómo para asegurarlo, lo que sí que puedo asegurar es que es con diferencia, la más dura que he hecho nunca…y la más bonita. El recorrido es sencillamente increíble, precioso, único. Pero lo mejor no ha sido la carrera en si, lo mejor ha sido la gente, la gente de La Palma, esa gente que hizo sentirme cómo un atleta de élite y que no dejó de animarme y mostrarme su apoyo y cariño, no solo el día de la carrera, sino antes y después. El ambiente de esta carrera es único, indescriptible, inolvidable. Podría escribir “gracias” un millón de veces y me quedaría corto. Y poco más…agradecer a toda la gente que ha hecho esto posible: a mi mujer y a mi hija por la confianza depositada en mí y por ese dinero invertido en hacer mi sueño real, a mi familia que estuvo ahí siguiéndome desde la distancia, a los amigos que a través del wachap me hicieron sentir muy cerca de ellos, a la gente del Face que comentó y trató de seguirme…gracias, gracias a todos. Me quedo ahora con un gran vacío que solo podré volver a llenar en cierta isla en Mayo de 2015… |
miércoles, 3 de agosto de 2016
Lo que mal empieza, bien acaba (mi crónica de la Transvulcania 2014)
Disfrutar de un Somontano con un amigo: mi crónica del Gran Trail Sobrarbe.
Publicado en Facebook el 29 de Junio de 2015
Disfrutar de un Somontano con un amigo: mi crónica del Gran Trail Sobrarbe.
Sí, la idea era disfrutar de un Somontano durante una cena con un gran amigo, ese era al menos mi único objetivo en toda esta aventura, esa era mi verdadera meta. Podría haberlo hecho en cualquier restaurante de Valencia, pero decidimos viajar 1000 kms entre ir y venir, correr 66 kms por la montaña, y meternos 3900 metros de desnivel positivo; estábamos seguros que así, ese vino nos sabría mejor.
Y allí estamos, a punto de que se dé la salida de la carrera, son las 5’50 de la mañana, estamos en el campo de fútbol de Ainsa rodeados de canijos y canijas de las tierras Aragonesas, y alguna que otra cara conocida, la gente del Duristoraris que no sé si vendrían en busca del ansiado caldo cómo nosotros, o si algún tío alto y barbudo los habría liado para estar aquí. Yo ya me doy cuenta de que algo no va bien….en cualquier salida de una carrera de montaña, y sobre todo si tiene cierta distancia, si hay algo que ocurre antes de que la fiesta empiece es que te ponen cómo una moto desde la organización y sales cómo si fueras a correr una milla. Sin embargo, me están entrando unas ganas terribles de tumbarme en el césped y ponerme a llorar. No, no suenan los ACDC, de hecho suena una musiquilla desconocida a un volumen muy bajo…..y el speaker….¡¡¡ay el speaker!!!....una de dos: o se acaba de levantar y no está muy por la labor (algo que serviría de atenuante), o bien (me inclino por esta opción) trabaja en un Tanatorio y es el encargado de despedir al cadáver mientras suena una marcha fúnebre, y en sus ratos libres, hace de speaker:…..”el caloooor de la montaña contra los corredooores” (eso dice pero cómo cuando escuchas algo a menos revoluciones)….”todos os vais a perdeeer, pero tranquiloooos” (os juro que lo dijo tal cual)…vamos, que casi me pongo a llorar y me vuelvo al hotel. Pero bueno, allí estaba el hombre tratando (sin mucho éxito) de animarnos, hay que reconocer que es algo digno de agradecer.
La cosa es que eso empieza a moverse y nosotros también….los primeros 25 kms son en el mapa más o menos llanos, luego veías algún repechete que te obligaba a andar, pero pasaron bastante rápidos; bordeamos Peña Montañesa, paralelos a la carretera que va a Bielsa pegaditos al Río Cinca (precioso todo aquello) y bueno, a la que nos descuidamos estamos en Lafortunada. Según nuestros cálculos debíamos de llegar en 3 horas allí, lo hicimos en 2h 52m. Comemos, bebemos y empieza de verdad la carrera….subidón de 1400+ dividido en dos tramos con un pequeño descanso a mitad, tela marinera con las cuestas.
En el primer tramo de cuestas vemos a un corredor que nos impacta mucho: no está secucho (tampoco gordote, está “fuerte”), lleva pantalón corto normal, cómo el que te pondrías para ir a pasear, camiseta corta “técnica” pero sin mariconadas, y una mochila cómo la que llevaría cualquier adolescente al colegio…encima una de las dos hombreras está rota y la lleva cogida con la mano cómo si fuera un saco. Es de Castellón y entablamos conversación con él, se le ve un tío majo, le preguntamos por la mochila y nos dice que se le ha roto una hombrera…pobret. Al poco nos pasa una corredora que va con bastones, la llevo detrás, pegada, le digo que si quiere pasar, dice que sí, me aparto y me da las gracias….sube cómo una bala, al poco la perdemos de vista. Llegamos a un pequeño tramo donde la cuesta se allana, hay un avituallamiento y sacamos nuestros sándwiches de jamón serrano y queso que la tarde de antes nos habíamos preparado, yo me zampo también un croasán con chocolate que llevo en la mochila, y tiramos para el segundo tramo del primer cuestón. Volvemos a ver al de Castellón, es un crack, se ha sacado de la mochila una lata de Fanta naranja y se la está bebiendo….nosotros flipamos.
Aunque esté feo decirlo, yo me encuentro perfecto, pletórico, con ganas de mucha guerra, pero cuando empezamos a subir Rafa me dice que está cansado…al principio creo que me está vacilando porque él corre mucho más que yo y el cansado siempre soy yo, pero veo que se va quedando rezagado y que tiene mala cara, le pregunto varias veces si se encuentra bien, si no tiene mareos o sensación de flojedad (la cuesta se inclina y el sol casca de lo lindo) y me dice que no, que solo es cansancio. Reducimos el ritmo y nos pasan los de Duristoraris a toda hostia, a lo lejos vemos a nuestro amigo de Castellón, ahora lleva una mochila pequeña de color rosa (luego nos dijo que en un control se la prestó su hija pequeña), y empieza a pasarnos mucha gente. Rafa dice que necesita descansar, que me vaya, pero yo me quedo para hacerle una foto y para reírme de él, porque en esos momentos veo que lo del Karma funciona y sus continuas humillaciones contra mí en los entrenes ahora se han vuelto en su contra. Se tumba en un pedrolo y le hago una foto, encima de nosotros vuelan en círculo unos pajarracos grandes, deben de ser buitres oliendo la carnaza, yo por si acaso me aparto de Rafa y les hago señas a los pájaros para que no se confundan si les da por bajar: "el de la piedra", les digo, "el secucho ese". De pronto veo que sube una corredora, delgadita, pelo largo y liso, morena….le digo a Rafa con diplomacia que ahí te quedas, que cambio de pareja, y cuando pasa por nuestro lado nos dice “hola, ¿todo bien?” pero con voz profunda y varonil….sí, era un tío, pero desde arriba y con ese pelo Pantene yo me había pensado lo contrario….el moribundo se ríe y me dice “vete con ella”, yo me cago en la leche y pienso "pues yo de noche y con dos copas a ese me lo hubiera zumbado" y cómo Rafa se levanta, opto por empezar a subir; Rafa se va quedando y al final y cómo la cuesta acaba pronto, opto por seguir y cuando llego arriba me siento a esperarlo. En muy pocos minutos me alcanza y llegamos al Portiello de Tella, al otro lado del collado un bajadón bestial, precioso, y en 6 km Bielsa, km 42. Rafa empieza a bajar a buen ritmo, yo me espero y hago algunas fotillos y me lanzo en su caza. Lo pillo, se para a quitarse una piedra tamaño XXL de la zapatilla, y yo sigo para abajo porque estoy motivado y estoy donde me gusta: bajada técnica a muerte…cuando empieza a allanarse me paro y en menos de 30 segundos llega Rafa, seguimos juntos hasta que a kilómetro y medio del pueblo, la bajada se pone “interesante” de nuevo y vuelvo a salir zumbado rumbo al control….me lo paso bomba bajando a toda hostia, voy dando incluso saltos, no me lo creo ni yo, y enseguida llego al control del 42 situado en la plaza de Bielsa, un lugar en el que he estado muchísimas veces y en el que me hace mucha ilusión estar en estos momentos, y en un par de minutos llega Rafa. Pillamos dos platos de macarrones , dos vasos de cocacola, buscamos una sombra porque el sol cae a plomo, y comemos; allí nos despedimos del de Castellón ya que él solo hacía el Maratón, todo un personaje el amigo, muy atento y gran corredor.
Salimos de Bielsa pensando en ese subidón de 1100+ a saco y sin tregua que nos espera hasta llegar a lo más alto de la carrera, el km 51, vamos trotando a buen ritmo, y de pronto empieza la madre de todas las cuestas….vamos a nuestro ritmo, despacio pero sin tregua, pillamos a un grupo de tres corredores y nos ponemos detrás. Rafa me dice que está cansado pero ahora tiene buena cara, los tres de delante van demasiado lentos, no se dejan adelantar, sé que nos queda muchísima subida y empiezo a agobiarme….y en un descuido, paso a los de delante y subo el ritmo….sé que Rafa va cansado pero estoy tranquilo porque no tiene mala cara, sé que cuando vas cansado y alguien te pregunta mil veces “¿cómo vas?” acabas hasta los cojones y más que ayudar, te jode, es por ello que opto por subir a mi ritmo, me veo muy fresco de piernas y quiero quitarme este tramo porque desde el 51, ya es casi todo bajada. Y bueno, modestia aparte, subo a muy buen ritmo y adelanto a mucha gente, de hecho desde Bielsa no me pasó nadie. Cuando creo que ya estoy a punto de acabar la subida, descubro con horror que allá a tomar por el mismísimo culo hay una banderita….pero se ve muy leeeeeeeeeeejos….me pega un pequeño bajón mental, el sol casca de lo lindo, no dejo de beber, y encima paso a dos corredores a los que los servicios médicos les están atendiendo por deshidratación….chino chano y sin dejar de pasar gente, llego a lo más alto, la Cruz de Guardia, a 2100 metros de altitud. A Rafa no lo veo, ni rastro…mi demonio particular me dice “sigueee, llega antes, déjalo tirado” pero mi angelito me dice “no sigas, espéralo, es tu amigo y es un señor mayor”….decido hacer caso al angelito. Me siento, wachapeo, me hacen fotos, y los minutos van pasando…me empiezo a quedar frío porque hace viento y estoy alto, cuando ya llevo casi media hora de espera veo una gorra azul y una camiseta blanca…desde arriba le grito “Rafaaaaaaaa”, mira para arriba, me ve, y grita “¿qué haces ahí?. Vete hostia, vete”, pero lo dice de mala leche, enfadado….en esos momentos pienso que me voy a tener que ir porque cuando suba me pega una patada en los huevos, pero no, llega al collado, nos damos un fuerte abrazo, me agradece que siga ahí, y a la que me descuido ha salido disparado cuesta abajo hacia el otro lado del collado….y cuando digo disparado es literal: cómo un misil. Le grito que frene, que aún queda mucho, pero ni puto caso….salgo disparado tras él, pienso que le ha dado el sol demasiado y por eso hace eso porque aún nos quedan 15 kms y unos 300 o 400 metros de desnivel en dos repechos, luego pienso que está de cachondeo y que en cuanto me descuide frenará pero no, cómo un misil. Pasado el susto inicial, descubro que mis piernas están muy fresquitas pese a los 51 kms y los 3500+, y descubro también que me siento juguetón….por lo que me pego a tres metros de su espalda y seguimos bajando a un ritmo suicida, a toda leche, saltando, corriendo, metiéndonos por el barro, adelantando a todo el que se cruza en nuestro camino….hay un tramo bestial donde los dos fluimos, se lo digo y me dice que sí, que lo nota, impresionante, no hay cansancio, no hay piernas cargadas, volamos cuesta abajo a una velocidad de vértigo en un sendero en medio de un campo de trigo….de hecho, desde el 51 hasta meta, en el 66, solo empleamos 1h 45m y eso que habían unos 400+. Llaneamos rápido, el reloj me marca 4’45 en algún tramo, y llegamos a un pequeño avituallamiento donde mi Garmin muere (y eso que le quedaban dos rayas de batería) y donde nos dicen que nos quedan 9 kms (en verdad serían unos 7-8), subimos un gran repecho, trotamos de nuevo, corremos cuando la cosa se pone boca abajo, y ya vemos Plan justo debajo de nosotros…bajamos a Gistain, nos dicen que quedan 3’5 kms, bajada radical, y en mitad nos encontramos a esa chica que nos adelantó al principio, la de los bastones…la felicitamos los dos, le damos la enhorabuena por el tremendo carrerón que se ha metido, y la dejamos atrás. Bajamos a San Juan de Plan, aquí ya es llano, hay cintas y las vamos siguiendo…quedaría km y pico, dos kms hasta meta, vamos corriendo todo el rato, mis piernas empiezan a pedir la hora pero tenemos claro que de frenar nada….seguimos adelantando corredores, casi todos van andando, alguno trota muy suave, alguno nos mira con cara de “vaya par de hijos de puta, a estas alturas y corriendo”, y antes de cruzar un puente vemos a un crío de 3 o 4 años que extiende su mano…al ver que nos acercamos, se pone a pegar saltitos de alegría y los dos le chocamos la mano….ufff, brutal, algo tan simple cómo chocar una mano y es capaz de alegrar a un niño, hablamos de la importancia de los pequeños detalles en la vida, porque sí, corremos y podemos hablar, de pronto las cintas nos llevan a una arboleda llena de gente que no deja de aplaudirnos y animarnos (pero no por compromiso, se notaba que era de corazón) y dentro de un campo de fútbol vemos el arco de meta….yo me emociono muchísimo, Rafa me dice que nada de esprintar, que hay que disfrutar, yo lo abrazo, él me abraza, y así entramos juntos en meta….y estoy con un nudo en la garganta, hasta le doy un beso, él me da otro, toda la gente aplaude, el speaker (este no era el del Tanatorio y si lo era, ya se había despertado) nombra primero a Rafa y luego a mí…..buff qué momento, emotivo cómo pocos, estoy en una nube, inolvidable. Nos dicen que hemos entrado en 12h 6m, pero a mí cómo si me hubieran dicho que en 14...el crono me la suda.
Y así, tras comer algo y un divertido viaje en bus jugando al “no cabemos en el túnel”, nos plantamos en Ainsa de nuevo. Nos duchamos, y ahora sí, vamos a por el Somontano. Antes cayó una jarra de medio litro de cerveza para cada uno, después la botella entera mientras cenábamos….yo que llevaba cierto tiempo sin tomar tanto alcohol, estoy cebollón perdido, pero mola, estoy muy muy feliz. Cogemos el coche, y antes de llegar al hotel vemos a los compañeros de Paterna…iban para la Plaza Mayor a tomar algo….y nos unimos a la fiesta…terracita en la Plaza Mayor bajo un cielo estrellado, más alcohol, y tertulia y risas hasta las tantas. Volvemos al hotel y descubrimos que nuestra tarjeta no abre la puerta de la habitación, a mí cómo estoy cebollón me da igual, todo me da risa, pego una meada en el río y le digo “Rafa, a dormir al coche”, pero él es más señoritingo y hace gestiones hasta que un tío con un pijama muy cutre nos abre la puerta de la habitación a eso de las 02’30 de la mañana….¡¡¡menudo día más intenso!!!
Y colorín colorado, este cuento casi se ha acabado….desde el km 51 hasta meta, y luego en la cena, hablamos mucho sobre lo de esperar o no esperar. Sí, cómo me dijo Rafa, ayer tuve un gran día deportivamente hablando, un día que igual no se repite y que debería haber aprovechado, me encontré francamente bien, algo que no es habitual en mí. Y por mucha vuelta que le hayamos dado al tema, no hay crono que supere la maravillosa sensación de entrar con mi amigo abrazados en meta, ninguno. Mi carrera no era hacer una hora menos, mi carrera fue la de ayer, la de acabar juntos, la de ser un equipo. Jamás había corrido un ultra completo con nadie, y nunca había entrado en meta acompañado de alguien con quien te sientes tan bien, con el que sientes tanta afinidad, con alguien a quien aprecias tanto, siempre entro sólo. Esa emoción que me llevé en esos 300 metros finales no se paga con nada, es el mejor regalo que te puedan hacer. Porque cómo siempre he dicho, son esos momentos, esas emociones y sentimientos, las que nos llevaremos de aquí; creo que cuando vaya a palmar, todos estos momentos llegarán a mi cabeza y algo dentro de mí dirá “sí, la vida tiene cosas feas y puede llegar a ser una mierda, pero solo por estos ratos, ya ha merecido la pena el viaje”. Creo que un ultra en compañía es algo que te une de una manera muy extraña y placentera.
Y ahora sí, este megarollo se acaba, y cómo en las películas, ahora toca dar las gracias: a ti que me mandaste wachaps, a ti que estuviste pendiente del Face, pendiente de ese seguimiento en vivo que no suele funcionar muy bien, también a ti, que aunque solo por un momento, me tuviste en tu mente y te preguntaste por donde andaría, gracias, un millón de gracias. Gracias también a todos los que ayer desde la organización, a los voluntarios, a los vecinos y habitantes de la zona, nos hicieron sentirnos queridos, cómo en casa. Y a ti especialmente Rafa, gracias por haberme permitido disfrutar de esto con alguien cómo tú, siempre te estaré agradecido. Por cierto, lo olvidaba: el circuito de una belleza increíble, no descarto volver.
Y cómo suelo decir, cruzar la meta no es el final de una carrera, sino el principio de la siguiente.
Gracias gente!!!
Sí, la idea era disfrutar de un Somontano durante una cena con un gran amigo, ese era al menos mi único objetivo en toda esta aventura, esa era mi verdadera meta. Podría haberlo hecho en cualquier restaurante de Valencia, pero decidimos viajar 1000 kms entre ir y venir, correr 66 kms por la montaña, y meternos 3900 metros de desnivel positivo; estábamos seguros que así, ese vino nos sabría mejor.
Y allí estamos, a punto de que se dé la salida de la carrera, son las 5’50 de la mañana, estamos en el campo de fútbol de Ainsa rodeados de canijos y canijas de las tierras Aragonesas, y alguna que otra cara conocida, la gente del Duristoraris que no sé si vendrían en busca del ansiado caldo cómo nosotros, o si algún tío alto y barbudo los habría liado para estar aquí. Yo ya me doy cuenta de que algo no va bien….en cualquier salida de una carrera de montaña, y sobre todo si tiene cierta distancia, si hay algo que ocurre antes de que la fiesta empiece es que te ponen cómo una moto desde la organización y sales cómo si fueras a correr una milla. Sin embargo, me están entrando unas ganas terribles de tumbarme en el césped y ponerme a llorar. No, no suenan los ACDC, de hecho suena una musiquilla desconocida a un volumen muy bajo…..y el speaker….¡¡¡ay el speaker!!!....una de dos: o se acaba de levantar y no está muy por la labor (algo que serviría de atenuante), o bien (me inclino por esta opción) trabaja en un Tanatorio y es el encargado de despedir al cadáver mientras suena una marcha fúnebre, y en sus ratos libres, hace de speaker:…..”el caloooor de la montaña contra los corredooores” (eso dice pero cómo cuando escuchas algo a menos revoluciones)….”todos os vais a perdeeer, pero tranquiloooos” (os juro que lo dijo tal cual)…vamos, que casi me pongo a llorar y me vuelvo al hotel. Pero bueno, allí estaba el hombre tratando (sin mucho éxito) de animarnos, hay que reconocer que es algo digno de agradecer.
La cosa es que eso empieza a moverse y nosotros también….los primeros 25 kms son en el mapa más o menos llanos, luego veías algún repechete que te obligaba a andar, pero pasaron bastante rápidos; bordeamos Peña Montañesa, paralelos a la carretera que va a Bielsa pegaditos al Río Cinca (precioso todo aquello) y bueno, a la que nos descuidamos estamos en Lafortunada. Según nuestros cálculos debíamos de llegar en 3 horas allí, lo hicimos en 2h 52m. Comemos, bebemos y empieza de verdad la carrera….subidón de 1400+ dividido en dos tramos con un pequeño descanso a mitad, tela marinera con las cuestas.
En el primer tramo de cuestas vemos a un corredor que nos impacta mucho: no está secucho (tampoco gordote, está “fuerte”), lleva pantalón corto normal, cómo el que te pondrías para ir a pasear, camiseta corta “técnica” pero sin mariconadas, y una mochila cómo la que llevaría cualquier adolescente al colegio…encima una de las dos hombreras está rota y la lleva cogida con la mano cómo si fuera un saco. Es de Castellón y entablamos conversación con él, se le ve un tío majo, le preguntamos por la mochila y nos dice que se le ha roto una hombrera…pobret. Al poco nos pasa una corredora que va con bastones, la llevo detrás, pegada, le digo que si quiere pasar, dice que sí, me aparto y me da las gracias….sube cómo una bala, al poco la perdemos de vista. Llegamos a un pequeño tramo donde la cuesta se allana, hay un avituallamiento y sacamos nuestros sándwiches de jamón serrano y queso que la tarde de antes nos habíamos preparado, yo me zampo también un croasán con chocolate que llevo en la mochila, y tiramos para el segundo tramo del primer cuestón. Volvemos a ver al de Castellón, es un crack, se ha sacado de la mochila una lata de Fanta naranja y se la está bebiendo….nosotros flipamos.
Aunque esté feo decirlo, yo me encuentro perfecto, pletórico, con ganas de mucha guerra, pero cuando empezamos a subir Rafa me dice que está cansado…al principio creo que me está vacilando porque él corre mucho más que yo y el cansado siempre soy yo, pero veo que se va quedando rezagado y que tiene mala cara, le pregunto varias veces si se encuentra bien, si no tiene mareos o sensación de flojedad (la cuesta se inclina y el sol casca de lo lindo) y me dice que no, que solo es cansancio. Reducimos el ritmo y nos pasan los de Duristoraris a toda hostia, a lo lejos vemos a nuestro amigo de Castellón, ahora lleva una mochila pequeña de color rosa (luego nos dijo que en un control se la prestó su hija pequeña), y empieza a pasarnos mucha gente. Rafa dice que necesita descansar, que me vaya, pero yo me quedo para hacerle una foto y para reírme de él, porque en esos momentos veo que lo del Karma funciona y sus continuas humillaciones contra mí en los entrenes ahora se han vuelto en su contra. Se tumba en un pedrolo y le hago una foto, encima de nosotros vuelan en círculo unos pajarracos grandes, deben de ser buitres oliendo la carnaza, yo por si acaso me aparto de Rafa y les hago señas a los pájaros para que no se confundan si les da por bajar: "el de la piedra", les digo, "el secucho ese". De pronto veo que sube una corredora, delgadita, pelo largo y liso, morena….le digo a Rafa con diplomacia que ahí te quedas, que cambio de pareja, y cuando pasa por nuestro lado nos dice “hola, ¿todo bien?” pero con voz profunda y varonil….sí, era un tío, pero desde arriba y con ese pelo Pantene yo me había pensado lo contrario….el moribundo se ríe y me dice “vete con ella”, yo me cago en la leche y pienso "pues yo de noche y con dos copas a ese me lo hubiera zumbado" y cómo Rafa se levanta, opto por empezar a subir; Rafa se va quedando y al final y cómo la cuesta acaba pronto, opto por seguir y cuando llego arriba me siento a esperarlo. En muy pocos minutos me alcanza y llegamos al Portiello de Tella, al otro lado del collado un bajadón bestial, precioso, y en 6 km Bielsa, km 42. Rafa empieza a bajar a buen ritmo, yo me espero y hago algunas fotillos y me lanzo en su caza. Lo pillo, se para a quitarse una piedra tamaño XXL de la zapatilla, y yo sigo para abajo porque estoy motivado y estoy donde me gusta: bajada técnica a muerte…cuando empieza a allanarse me paro y en menos de 30 segundos llega Rafa, seguimos juntos hasta que a kilómetro y medio del pueblo, la bajada se pone “interesante” de nuevo y vuelvo a salir zumbado rumbo al control….me lo paso bomba bajando a toda hostia, voy dando incluso saltos, no me lo creo ni yo, y enseguida llego al control del 42 situado en la plaza de Bielsa, un lugar en el que he estado muchísimas veces y en el que me hace mucha ilusión estar en estos momentos, y en un par de minutos llega Rafa. Pillamos dos platos de macarrones , dos vasos de cocacola, buscamos una sombra porque el sol cae a plomo, y comemos; allí nos despedimos del de Castellón ya que él solo hacía el Maratón, todo un personaje el amigo, muy atento y gran corredor.
Salimos de Bielsa pensando en ese subidón de 1100+ a saco y sin tregua que nos espera hasta llegar a lo más alto de la carrera, el km 51, vamos trotando a buen ritmo, y de pronto empieza la madre de todas las cuestas….vamos a nuestro ritmo, despacio pero sin tregua, pillamos a un grupo de tres corredores y nos ponemos detrás. Rafa me dice que está cansado pero ahora tiene buena cara, los tres de delante van demasiado lentos, no se dejan adelantar, sé que nos queda muchísima subida y empiezo a agobiarme….y en un descuido, paso a los de delante y subo el ritmo….sé que Rafa va cansado pero estoy tranquilo porque no tiene mala cara, sé que cuando vas cansado y alguien te pregunta mil veces “¿cómo vas?” acabas hasta los cojones y más que ayudar, te jode, es por ello que opto por subir a mi ritmo, me veo muy fresco de piernas y quiero quitarme este tramo porque desde el 51, ya es casi todo bajada. Y bueno, modestia aparte, subo a muy buen ritmo y adelanto a mucha gente, de hecho desde Bielsa no me pasó nadie. Cuando creo que ya estoy a punto de acabar la subida, descubro con horror que allá a tomar por el mismísimo culo hay una banderita….pero se ve muy leeeeeeeeeeejos….me pega un pequeño bajón mental, el sol casca de lo lindo, no dejo de beber, y encima paso a dos corredores a los que los servicios médicos les están atendiendo por deshidratación….chino chano y sin dejar de pasar gente, llego a lo más alto, la Cruz de Guardia, a 2100 metros de altitud. A Rafa no lo veo, ni rastro…mi demonio particular me dice “sigueee, llega antes, déjalo tirado” pero mi angelito me dice “no sigas, espéralo, es tu amigo y es un señor mayor”….decido hacer caso al angelito. Me siento, wachapeo, me hacen fotos, y los minutos van pasando…me empiezo a quedar frío porque hace viento y estoy alto, cuando ya llevo casi media hora de espera veo una gorra azul y una camiseta blanca…desde arriba le grito “Rafaaaaaaaa”, mira para arriba, me ve, y grita “¿qué haces ahí?. Vete hostia, vete”, pero lo dice de mala leche, enfadado….en esos momentos pienso que me voy a tener que ir porque cuando suba me pega una patada en los huevos, pero no, llega al collado, nos damos un fuerte abrazo, me agradece que siga ahí, y a la que me descuido ha salido disparado cuesta abajo hacia el otro lado del collado….y cuando digo disparado es literal: cómo un misil. Le grito que frene, que aún queda mucho, pero ni puto caso….salgo disparado tras él, pienso que le ha dado el sol demasiado y por eso hace eso porque aún nos quedan 15 kms y unos 300 o 400 metros de desnivel en dos repechos, luego pienso que está de cachondeo y que en cuanto me descuide frenará pero no, cómo un misil. Pasado el susto inicial, descubro que mis piernas están muy fresquitas pese a los 51 kms y los 3500+, y descubro también que me siento juguetón….por lo que me pego a tres metros de su espalda y seguimos bajando a un ritmo suicida, a toda leche, saltando, corriendo, metiéndonos por el barro, adelantando a todo el que se cruza en nuestro camino….hay un tramo bestial donde los dos fluimos, se lo digo y me dice que sí, que lo nota, impresionante, no hay cansancio, no hay piernas cargadas, volamos cuesta abajo a una velocidad de vértigo en un sendero en medio de un campo de trigo….de hecho, desde el 51 hasta meta, en el 66, solo empleamos 1h 45m y eso que habían unos 400+. Llaneamos rápido, el reloj me marca 4’45 en algún tramo, y llegamos a un pequeño avituallamiento donde mi Garmin muere (y eso que le quedaban dos rayas de batería) y donde nos dicen que nos quedan 9 kms (en verdad serían unos 7-8), subimos un gran repecho, trotamos de nuevo, corremos cuando la cosa se pone boca abajo, y ya vemos Plan justo debajo de nosotros…bajamos a Gistain, nos dicen que quedan 3’5 kms, bajada radical, y en mitad nos encontramos a esa chica que nos adelantó al principio, la de los bastones…la felicitamos los dos, le damos la enhorabuena por el tremendo carrerón que se ha metido, y la dejamos atrás. Bajamos a San Juan de Plan, aquí ya es llano, hay cintas y las vamos siguiendo…quedaría km y pico, dos kms hasta meta, vamos corriendo todo el rato, mis piernas empiezan a pedir la hora pero tenemos claro que de frenar nada….seguimos adelantando corredores, casi todos van andando, alguno trota muy suave, alguno nos mira con cara de “vaya par de hijos de puta, a estas alturas y corriendo”, y antes de cruzar un puente vemos a un crío de 3 o 4 años que extiende su mano…al ver que nos acercamos, se pone a pegar saltitos de alegría y los dos le chocamos la mano….ufff, brutal, algo tan simple cómo chocar una mano y es capaz de alegrar a un niño, hablamos de la importancia de los pequeños detalles en la vida, porque sí, corremos y podemos hablar, de pronto las cintas nos llevan a una arboleda llena de gente que no deja de aplaudirnos y animarnos (pero no por compromiso, se notaba que era de corazón) y dentro de un campo de fútbol vemos el arco de meta….yo me emociono muchísimo, Rafa me dice que nada de esprintar, que hay que disfrutar, yo lo abrazo, él me abraza, y así entramos juntos en meta….y estoy con un nudo en la garganta, hasta le doy un beso, él me da otro, toda la gente aplaude, el speaker (este no era el del Tanatorio y si lo era, ya se había despertado) nombra primero a Rafa y luego a mí…..buff qué momento, emotivo cómo pocos, estoy en una nube, inolvidable. Nos dicen que hemos entrado en 12h 6m, pero a mí cómo si me hubieran dicho que en 14...el crono me la suda.
Y así, tras comer algo y un divertido viaje en bus jugando al “no cabemos en el túnel”, nos plantamos en Ainsa de nuevo. Nos duchamos, y ahora sí, vamos a por el Somontano. Antes cayó una jarra de medio litro de cerveza para cada uno, después la botella entera mientras cenábamos….yo que llevaba cierto tiempo sin tomar tanto alcohol, estoy cebollón perdido, pero mola, estoy muy muy feliz. Cogemos el coche, y antes de llegar al hotel vemos a los compañeros de Paterna…iban para la Plaza Mayor a tomar algo….y nos unimos a la fiesta…terracita en la Plaza Mayor bajo un cielo estrellado, más alcohol, y tertulia y risas hasta las tantas. Volvemos al hotel y descubrimos que nuestra tarjeta no abre la puerta de la habitación, a mí cómo estoy cebollón me da igual, todo me da risa, pego una meada en el río y le digo “Rafa, a dormir al coche”, pero él es más señoritingo y hace gestiones hasta que un tío con un pijama muy cutre nos abre la puerta de la habitación a eso de las 02’30 de la mañana….¡¡¡menudo día más intenso!!!
Y colorín colorado, este cuento casi se ha acabado….desde el km 51 hasta meta, y luego en la cena, hablamos mucho sobre lo de esperar o no esperar. Sí, cómo me dijo Rafa, ayer tuve un gran día deportivamente hablando, un día que igual no se repite y que debería haber aprovechado, me encontré francamente bien, algo que no es habitual en mí. Y por mucha vuelta que le hayamos dado al tema, no hay crono que supere la maravillosa sensación de entrar con mi amigo abrazados en meta, ninguno. Mi carrera no era hacer una hora menos, mi carrera fue la de ayer, la de acabar juntos, la de ser un equipo. Jamás había corrido un ultra completo con nadie, y nunca había entrado en meta acompañado de alguien con quien te sientes tan bien, con el que sientes tanta afinidad, con alguien a quien aprecias tanto, siempre entro sólo. Esa emoción que me llevé en esos 300 metros finales no se paga con nada, es el mejor regalo que te puedan hacer. Porque cómo siempre he dicho, son esos momentos, esas emociones y sentimientos, las que nos llevaremos de aquí; creo que cuando vaya a palmar, todos estos momentos llegarán a mi cabeza y algo dentro de mí dirá “sí, la vida tiene cosas feas y puede llegar a ser una mierda, pero solo por estos ratos, ya ha merecido la pena el viaje”. Creo que un ultra en compañía es algo que te une de una manera muy extraña y placentera.
Y ahora sí, este megarollo se acaba, y cómo en las películas, ahora toca dar las gracias: a ti que me mandaste wachaps, a ti que estuviste pendiente del Face, pendiente de ese seguimiento en vivo que no suele funcionar muy bien, también a ti, que aunque solo por un momento, me tuviste en tu mente y te preguntaste por donde andaría, gracias, un millón de gracias. Gracias también a todos los que ayer desde la organización, a los voluntarios, a los vecinos y habitantes de la zona, nos hicieron sentirnos queridos, cómo en casa. Y a ti especialmente Rafa, gracias por haberme permitido disfrutar de esto con alguien cómo tú, siempre te estaré agradecido. Por cierto, lo olvidaba: el circuito de una belleza increíble, no descarto volver.
Y cómo suelo decir, cruzar la meta no es el final de una carrera, sino el principio de la siguiente.
Gracias gente!!!
Una cena en Cienfuegos
Publicado en Facebook el 6 de Agosto de 2015
Señoras y señores, niñas y niños, pequeños y grandes, con todos ustedes (tatatatachaaaaannnnnnnnnn): Una cena en Cienfuegos.
Sí, pese a que servidor es bastante paleto y pueblerino (si te fijas y te acercas lo suficiente a mí, aún podrás ver en mi cabeza las marcas de cuando me enroscaba la boina), alguna vez me ha dado por ver mundo y salir por ahí, y una de esas veces fue cuando junto a mi mujer y dos amigos, nos subimos a un avión rumbo a Cuba con la interesante misión de viajar de forma un tanto especial....nada de complejo y todo incluido, nada de turismo sexual (vomitivo ver a lo que se dedicaban muchos Europeos allí), dos semanas viajando en coche y alojándonos en hoteles y lugares donde los cubanos veranean, porque sí, ellos también salen de vacaciones, aunque no puedan salir de la isla; y qué mejor forma de conocer Cuba que veraneando junto a ellos, lejos de esas burbujas artificiales llamadas resorts, donde el único contacto que tendrás con un cubano, será cuando te sirva el mojito en la tumbona.
Y uno de los sitios que había que visitar era la preciosa ciudad de Cienfuegos; recuerdo que nos alojamos en un hotel llamado "Pasacaballo", el nombre era superrimbombante, y la verdad es que era un hotel "de lujo" (lo entrecomillo porque el baremo para medir el lujo es muy distinto al nuestro) que aquí no pasaría de ser algo muy cutre...eso sí, limpio estaba. Llegamos a mediodía y nos fuimos a la piscina...la pinta excelente, llena de turistas cubanos, nosotros destacábamos porque no pegábamos mucho, pero de eso se trataba, de integrarse...cómo digo la piscina tenía una pinta excelente, pero algo pasaba....el agua tenía un color así cómo turbio, algo no encajaba....y coño, claro que no encajaba, cómo que no llegamos a encontrar ni un solo sumidero o ningún chorro de esos que indicaran que la depuradora estaba haciendo su trabajo..por lo que nos salimos cagando leches.
Fuimos a comer allí mismo, terracita guay mientras los lagartos de colores (cómo molaban) pasaban a nuestro lado libres cómo el viento; al ser de fuera nos trataban cómo si fuéramos Onassis y sus cuñados, y cuando pedimos pollo para comer ya vamos, fliparon, y digo fliparon porque nos dimos cuenta de que a nuestro alrededor, todo el mundo tenía cómo menú principal gusanitos con ketchup que devoraban cómo si fuera un manjar.....comimos y nos fuimos al hotel a pegar una cabezada (creo, han pasado ya 11 años y tengo lagunas), y nos fijamos en que la ascensorista (sí, había una tía sentada en un taburete dentro del ascensor y tú le decías "al tercero" y ella apretaba el 3) estaba leyendo una revista cuyas hojas estaban amarillas....y es que la revista (era un "Pronto" o algo similar que algún turista le habría dado) tenía 10 o 12 años....recuerdo que le regalamos las dos o tres revistas del corazón que las girls habían comprado en Barajas y bueno, la chica más feliz que si le hubiera salido el euromillón (moraleja: no apreciamos lo que aquí tenemos).
Y digo yo...¿no os iba a hablar de una cena?....sí, joder cómo me enrollo.....
Vale, llega la tarde y pillamos nuestro coche y nos vamos a Cienfuegos city (el Pasacaballo estaría cómo a unos 10 o 15 kms de la ciudad), allí nos ponemos a visitar el casco antiguo (aunque bueno, en Cuba todo tiene ese olor a antiguo que te deprime y enamora a partes iguales) y poco a poco las horas van pasando; recuerdo que luego estuvimos caminando por la orilla de una especie de paseo marítimo o algo así donde hicimos muchas fotos, y en una de aquellas, y dado que mi amigo llebaba una réflex digital (era de las primeras de la época digital, yo llevaba una mierda de compacta que entonces era muy cara y moderna), tres chicas con una pinta un tanto estrafalaría se nos acercaron. Les había llamado la atención la cámara de mi amigo y le pidieron que si podía hacerles algunas fotos porque eran muy coquetas, cosa a la que accedimos con gusto. Eran muy simpáticas, una de ellas era más tímida que las otras dos, nos contaron que eran enfermeras (no os digo lo que cobraban porque en fin...) y que soñaban con currar lejos de Cuba, la cosa es que nos cayeron muy bien. Charrando charrando el sol nos iba diciendo que hasta luego y de pronto caímos en la cuenta...¡tenemos que cenar!.....habían varios restaurantes por allí, pero no nos acabábamos de decidir, hasta que nuestras nuevas amigas nos dijeron que si queriamos, tenían un familiar o un conocido o algo así que nos podría preparar una cena espectacular....y cómo todo el viaje era muy de improvisar, les dijimos que sí.
Quisiera aclarar en este punto, que el viaje a Cuba fue muy intenso emocionalmente hablando...era tal la cantidad de vivencias que cada día teníamos, que no me daba tiempo a asimilarlo, poniendo un símil, es cómo cuando con la cámara de fotos tiras una ráfaga y pese a que tú ya has soltado el disparador, las imágenes siguen grabándose en la tarjeta porque no es lo suficientemente rápida...así me sentía yo cada noche al irme a dormir, había vivido tantas emociones, había visto tantas cosas nuevas, había conocido a tanta gente, que no era capaz de asimilarlo...
Dicho esto seguimos con la cena....estas chicas nos llevan por la parte de atrás de unas casas, por una especie de pasillo, recuerdo que cruzamos una cocina y nos presentan a un tío....yo todo el rato pensando en "y ahora es cuando nos atracan y nos asesinan" pero no, el tío se presenta y nos dice que por 20 dólares por cabeza, en una hora nos preparan una cena espectacular con langosta y todo...le dijimos que sí y fuimos a pasear para hacer tiempo tras despedirnos de nuestras amigas, y a la hora aparecemos en el lugar señalado: una especie de cenador al final de un istmo, un lugar acojonante....para nuestra sorpresa, lo habían decorado con manteles, velas, habían puesto un montón de diversas frutas tropicales, jugos (zumos) naturales recién hechos....joder, flipante que en un hora hubieran montado eso. Y al lado, un radiocassete donde sonaba Julio Iglesias.....le dijimos a nuestro anfitrión (y es aquí donde os presento a Mandy, "el fajador de Cienfuegos") que el radiocassete lo podía apagar (yo le hubiera pedido que lo tirara directamente al mar, pero aunque paleto, soy educado), que gracias por el detalle, y Mandy nos dijo que siendo españoles pensaba que nos gustaría Julito....craso error el suyo.
Junto al fajador había otro personaje (no puedo definirlo de otra forma porque era un personaje), recuerdo que era más bajito que Mandy. Lo de "fajador" es un apodo que le pusimos porque todas sus conversaciones giraban en torno a lo mismo: en liarse a hostias con todo Dios. Toda la cena estuvo amenizada con las historias de Mandy y sus peleas, sus puñetazos, sus dientes rotos, sus extremidades fracturadas; bueno las suyas no porque al parecer Mandy ganaba todas las peleas en las que se metía, y el personaje de al lado solo hacía que darle la razón y asentir....las conversaciones eran del tipo "y aquella vez que estábamos de tragos y empezamos a fajarnos por la botella de ron..." y el pitufo ponía cara de "¿cómo no me voy a acordar?" y ale, ración de hostias en diferido. La cena estuvo muy bien, nos pusieron una especie de sopa o algo así, langosta, y mucho rollo tipo tropical....a veces yo lo pasaba mal porque las historias de Mandy me resultaban ridículas y me entraba la risa, y claro, con el alcohol más ridículo y gracioso me parecía todo, pero me daba miedo que me viera y que la siguiente hostia fuera para mí. Llegó la hora de pagar y más acojono por si los 20 dólares no eran suficientes...pero lo fueron....
Tras acabar la cena caimos en la cuenta de que había que volver al coche y que estaba a tomar por el mismísimo culo. Y una cosa era darte un buen paseo de día viendo edificios y tal, y otra irte a fer la má de noche y por ciertos lugares....pero tranquilos que Mandy lo soluciona: hizo sus gestiones y al poco tuvimos una flamante carroza digna de príncipes y reyes que nos devolvió a nuestro lugar de origen (en una foto está la preciosa calesa tirada por bellos corceles). Subimos al coche, mi amigo y yo delante y las mujeres detrás, y cuando parecía que la aventura había acabado, y cuando acabábamos de salir de la ciudad, nos paran tres o cuatro policías, nos rodean ametralladoras en mano, y nos piden la documentación.....siempre hemos pensado que al ir las mujeres detrás, pensaron que éramos dos salidos con dos jineteras (prostitutas) y cómo allí (en teoría) eso estaba prohibido....vale, ven los pasaportes, somos españoles nosotros y ellas, se relajan, nosotros también, y es entonces cuando nos piden la documentación del coche.....miro a mi amigo (él conducia), y mientras, dentro de mi cabeza escucho la canción esa del programa "1,2,3"....tutututútutututuutu...tutú... tutú....tutu.....ya
sabéis, la del relojito que indica que el tiempo está pasando y no
tienes ni puta idea de la respuesta.....y es que mi amigo había dejado
la documentación en el hotel.....de pronto yo tengo una visión: me veo
en una celda mugrienta donde dos polis sudorosos me están ahostiando,
empiezo a tener un sudor frío....ay madre que estos se nos
llevan......de pronto le decimos que los papeles están en el hotel, en
el Pasacaballo....y al oir está palabra reaccionan cómo si fuéramos
embajadores de la ONU que se alojan en el hotel más cool de Bruselas y
nos dejan seguir......uffff qué susto........a los 3 o 4 kilómetros otro
control y la misma historia, pero esta vez vamos al grano y decimos la
contraseña: "Pasacaballo" y de nuevo el "ooohhhh, clientes europeos del
Pasacaballo, a sus pies señores"......y ahora sí, por fin llegamos al
hotel.
Y sí, llegó la hora de dormir, y recuerdo que las habitaciones eran muy raras porque en un lateral que daba a la piscina, y por la parte de arriba, no había pared, por lo que si estabas agachado se estaba fresquito con el aire acondicionado, pero si te ponías de pié te pegaba un calorazo en la cara que alucinabas...y recuerdo que debía de haber una rana o sapo dentro de la habitación porque yo solo escuchaba un "croac, croac" pero claro, cómo arriba no había pared no tenía huevos a buscarlo no fuera a ser que se hubiera colado también un caimán o algo así y me zampara....por lo que me relajé en mi camita y me dejé llevar en los brazos de Morfeo.
¿Entendéis ahora por qué era imposible asimilar tantas cosas al final del día?....así de intensos eran los días en Cuba, una experiencia inolvidable.
Y colorín colorado, este tremendo rollazo se ha acabado....gracias por estar ahí.
Sí, pese a que servidor es bastante paleto y pueblerino (si te fijas y te acercas lo suficiente a mí, aún podrás ver en mi cabeza las marcas de cuando me enroscaba la boina), alguna vez me ha dado por ver mundo y salir por ahí, y una de esas veces fue cuando junto a mi mujer y dos amigos, nos subimos a un avión rumbo a Cuba con la interesante misión de viajar de forma un tanto especial....nada de complejo y todo incluido, nada de turismo sexual (vomitivo ver a lo que se dedicaban muchos Europeos allí), dos semanas viajando en coche y alojándonos en hoteles y lugares donde los cubanos veranean, porque sí, ellos también salen de vacaciones, aunque no puedan salir de la isla; y qué mejor forma de conocer Cuba que veraneando junto a ellos, lejos de esas burbujas artificiales llamadas resorts, donde el único contacto que tendrás con un cubano, será cuando te sirva el mojito en la tumbona.
Y uno de los sitios que había que visitar era la preciosa ciudad de Cienfuegos; recuerdo que nos alojamos en un hotel llamado "Pasacaballo", el nombre era superrimbombante, y la verdad es que era un hotel "de lujo" (lo entrecomillo porque el baremo para medir el lujo es muy distinto al nuestro) que aquí no pasaría de ser algo muy cutre...eso sí, limpio estaba. Llegamos a mediodía y nos fuimos a la piscina...la pinta excelente, llena de turistas cubanos, nosotros destacábamos porque no pegábamos mucho, pero de eso se trataba, de integrarse...cómo digo la piscina tenía una pinta excelente, pero algo pasaba....el agua tenía un color así cómo turbio, algo no encajaba....y coño, claro que no encajaba, cómo que no llegamos a encontrar ni un solo sumidero o ningún chorro de esos que indicaran que la depuradora estaba haciendo su trabajo..por lo que nos salimos cagando leches.
Fuimos a comer allí mismo, terracita guay mientras los lagartos de colores (cómo molaban) pasaban a nuestro lado libres cómo el viento; al ser de fuera nos trataban cómo si fuéramos Onassis y sus cuñados, y cuando pedimos pollo para comer ya vamos, fliparon, y digo fliparon porque nos dimos cuenta de que a nuestro alrededor, todo el mundo tenía cómo menú principal gusanitos con ketchup que devoraban cómo si fuera un manjar.....comimos y nos fuimos al hotel a pegar una cabezada (creo, han pasado ya 11 años y tengo lagunas), y nos fijamos en que la ascensorista (sí, había una tía sentada en un taburete dentro del ascensor y tú le decías "al tercero" y ella apretaba el 3) estaba leyendo una revista cuyas hojas estaban amarillas....y es que la revista (era un "Pronto" o algo similar que algún turista le habría dado) tenía 10 o 12 años....recuerdo que le regalamos las dos o tres revistas del corazón que las girls habían comprado en Barajas y bueno, la chica más feliz que si le hubiera salido el euromillón (moraleja: no apreciamos lo que aquí tenemos).
Y digo yo...¿no os iba a hablar de una cena?....sí, joder cómo me enrollo.....
Vale, llega la tarde y pillamos nuestro coche y nos vamos a Cienfuegos city (el Pasacaballo estaría cómo a unos 10 o 15 kms de la ciudad), allí nos ponemos a visitar el casco antiguo (aunque bueno, en Cuba todo tiene ese olor a antiguo que te deprime y enamora a partes iguales) y poco a poco las horas van pasando; recuerdo que luego estuvimos caminando por la orilla de una especie de paseo marítimo o algo así donde hicimos muchas fotos, y en una de aquellas, y dado que mi amigo llebaba una réflex digital (era de las primeras de la época digital, yo llevaba una mierda de compacta que entonces era muy cara y moderna), tres chicas con una pinta un tanto estrafalaría se nos acercaron. Les había llamado la atención la cámara de mi amigo y le pidieron que si podía hacerles algunas fotos porque eran muy coquetas, cosa a la que accedimos con gusto. Eran muy simpáticas, una de ellas era más tímida que las otras dos, nos contaron que eran enfermeras (no os digo lo que cobraban porque en fin...) y que soñaban con currar lejos de Cuba, la cosa es que nos cayeron muy bien. Charrando charrando el sol nos iba diciendo que hasta luego y de pronto caímos en la cuenta...¡tenemos que cenar!.....habían varios restaurantes por allí, pero no nos acabábamos de decidir, hasta que nuestras nuevas amigas nos dijeron que si queriamos, tenían un familiar o un conocido o algo así que nos podría preparar una cena espectacular....y cómo todo el viaje era muy de improvisar, les dijimos que sí.
Quisiera aclarar en este punto, que el viaje a Cuba fue muy intenso emocionalmente hablando...era tal la cantidad de vivencias que cada día teníamos, que no me daba tiempo a asimilarlo, poniendo un símil, es cómo cuando con la cámara de fotos tiras una ráfaga y pese a que tú ya has soltado el disparador, las imágenes siguen grabándose en la tarjeta porque no es lo suficientemente rápida...así me sentía yo cada noche al irme a dormir, había vivido tantas emociones, había visto tantas cosas nuevas, había conocido a tanta gente, que no era capaz de asimilarlo...
Dicho esto seguimos con la cena....estas chicas nos llevan por la parte de atrás de unas casas, por una especie de pasillo, recuerdo que cruzamos una cocina y nos presentan a un tío....yo todo el rato pensando en "y ahora es cuando nos atracan y nos asesinan" pero no, el tío se presenta y nos dice que por 20 dólares por cabeza, en una hora nos preparan una cena espectacular con langosta y todo...le dijimos que sí y fuimos a pasear para hacer tiempo tras despedirnos de nuestras amigas, y a la hora aparecemos en el lugar señalado: una especie de cenador al final de un istmo, un lugar acojonante....para nuestra sorpresa, lo habían decorado con manteles, velas, habían puesto un montón de diversas frutas tropicales, jugos (zumos) naturales recién hechos....joder, flipante que en un hora hubieran montado eso. Y al lado, un radiocassete donde sonaba Julio Iglesias.....le dijimos a nuestro anfitrión (y es aquí donde os presento a Mandy, "el fajador de Cienfuegos") que el radiocassete lo podía apagar (yo le hubiera pedido que lo tirara directamente al mar, pero aunque paleto, soy educado), que gracias por el detalle, y Mandy nos dijo que siendo españoles pensaba que nos gustaría Julito....craso error el suyo.
Junto al fajador había otro personaje (no puedo definirlo de otra forma porque era un personaje), recuerdo que era más bajito que Mandy. Lo de "fajador" es un apodo que le pusimos porque todas sus conversaciones giraban en torno a lo mismo: en liarse a hostias con todo Dios. Toda la cena estuvo amenizada con las historias de Mandy y sus peleas, sus puñetazos, sus dientes rotos, sus extremidades fracturadas; bueno las suyas no porque al parecer Mandy ganaba todas las peleas en las que se metía, y el personaje de al lado solo hacía que darle la razón y asentir....las conversaciones eran del tipo "y aquella vez que estábamos de tragos y empezamos a fajarnos por la botella de ron..." y el pitufo ponía cara de "¿cómo no me voy a acordar?" y ale, ración de hostias en diferido. La cena estuvo muy bien, nos pusieron una especie de sopa o algo así, langosta, y mucho rollo tipo tropical....a veces yo lo pasaba mal porque las historias de Mandy me resultaban ridículas y me entraba la risa, y claro, con el alcohol más ridículo y gracioso me parecía todo, pero me daba miedo que me viera y que la siguiente hostia fuera para mí. Llegó la hora de pagar y más acojono por si los 20 dólares no eran suficientes...pero lo fueron....
Tras acabar la cena caimos en la cuenta de que había que volver al coche y que estaba a tomar por el mismísimo culo. Y una cosa era darte un buen paseo de día viendo edificios y tal, y otra irte a fer la má de noche y por ciertos lugares....pero tranquilos que Mandy lo soluciona: hizo sus gestiones y al poco tuvimos una flamante carroza digna de príncipes y reyes que nos devolvió a nuestro lugar de origen (en una foto está la preciosa calesa tirada por bellos corceles). Subimos al coche, mi amigo y yo delante y las mujeres detrás, y cuando parecía que la aventura había acabado, y cuando acabábamos de salir de la ciudad, nos paran tres o cuatro policías, nos rodean ametralladoras en mano, y nos piden la documentación.....siempre hemos pensado que al ir las mujeres detrás, pensaron que éramos dos salidos con dos jineteras (prostitutas) y cómo allí (en teoría) eso estaba prohibido....vale, ven los pasaportes, somos españoles nosotros y ellas, se relajan, nosotros también, y es entonces cuando nos piden la documentación del coche.....miro a mi amigo (él conducia), y mientras, dentro de mi cabeza escucho la canción esa del programa "1,2,3"....tutututútutututuutu...tutú...
Y sí, llegó la hora de dormir, y recuerdo que las habitaciones eran muy raras porque en un lateral que daba a la piscina, y por la parte de arriba, no había pared, por lo que si estabas agachado se estaba fresquito con el aire acondicionado, pero si te ponías de pié te pegaba un calorazo en la cara que alucinabas...y recuerdo que debía de haber una rana o sapo dentro de la habitación porque yo solo escuchaba un "croac, croac" pero claro, cómo arriba no había pared no tenía huevos a buscarlo no fuera a ser que se hubiera colado también un caimán o algo así y me zampara....por lo que me relajé en mi camita y me dejé llevar en los brazos de Morfeo.
¿Entendéis ahora por qué era imposible asimilar tantas cosas al final del día?....así de intensos eran los días en Cuba, una experiencia inolvidable.
Y colorín colorado, este tremendo rollazo se ha acabado....gracias por estar ahí.
Maratón de Javalambre: la carrera sin bajadas
Publicado en Facebook el 21 de Septiembre de 2015
“A partir de ahora cuesta abajo”….eso me dijeron ayer varias veces en los avituallamientos, y sí, bajabas, 10 o 20 metros y por unos barrancos llenos de pedrolos asesinos que estaban deseando que te tropezaras y te dejaras otro diente, pero al momento te encontrabas con un nuevo paredón que tenías que subir…bueno subir, escalar encaja más con la realidad….
Estaba yo en casa tan pancho, apuntado a una carrera de 10 kilómetros de asfalto en Burjassot, cuando de pronto leo en el Face a un amigo hablando de su participación en Javalambre, y claro, me dio envidia. Y cómo a ese amigo yo lo metí en el ultra del Sobrarbe de una forma similar, no me quedó otra que apuntarme y olvidarme del (aburrido e insípido) asfalto…así ya estábamos en paz.
Y tras dormir en Ademuz, me planto en la Puebla de San Miguel con mis dos chicas dispuestas a animarme (gracias, mil gracias por este finde); hacía bastante rasca y ya se respiraba el ambientillo pre-carrera de montaña. En una especie de hogar del jubilado o club social o algo así me reúno con la gente del SOM mientras le pego las últimas cucharadas a mi fiambrera con muesli, nueces, semillas de mil cosas “bio”, cereales y mierdas de esas supuestamente sanas y ecológicas, y de paso me acabo mi zumo de naranja. Cambio de ropa, nos ponemos fresquitos, saludo a muchísima gente conocida (no los pongo aquí porque seguro que se me olvida alguien y la liamos, pero me encanta coincidir con vosotr@s una y otra vez; ya sea en La Palma, en Ainsa, o en este pueblecito perdido…), fotos, comentarios, risas, besos para mis chicas antes de salir y ale, a correr, sin disparo, ni pito ni leches….empezamos cuesta abajo mientras un drone sobrevuela nuestras cabezas, y cuando aun no llevo ni 500 metros de carrera me meto la primera hostia, ya que nos han bajado de golpe a un barranco al que te tienes que tirar desde un escalón alto y luego trepar por el otro lado….cómo somos muchos y no cabemos, y todos tenemos prisa, no piso bien y me doy la primera leche….me levanto y a correr.
En muy poca distancia la cosa se pone cuesta arriba, pero yo me encuentro bien y me marco un ritmo alegre…enseguida me topo con uno de los personajes que marcó la primera parte de mi carrera: el tío de la camiseta naranja y la mochila Salomon. No, no lo conocía ni tengo el gusto, pero me resultó peculiar porque algo debía de pasarle ya que cada vez que me acercaba se tiraba una sonora ventosidad, vamos, un pedo. Y cuando te tiras unos 16 kilómetro jugando al “te paso, me pasas, te vuelvo a pasar” pues ya ves….pedos y más pedos. Fueron pasando los kilómetros sin mención reseñable, con la banda sonora proveniente del culo de mi compañero al que dejé atrás allá por el km 17 o 18; yo me encontraba muy bien y hasta trotaba en muchas subidas que se dejaban trotar, hasta en las de cemento (las odio, te dejan seco); en los avituallamientos comía deprisa pero de todo lo que me va: frutos secos, sándwiches de nocilla, pepitas de esas de chocolate, alguna gominola que no tenía en mi riñonera y me apetecía mucho (cómo esas espirales de regaliz….las de color negro, las rojas me gustan menos), plátano, melón…vamos, que cargaba la batería. Y todo fue muy bien hasta que llegaron unos amigos a los que no veía desde hacía un par de años; señoras y señores, con todos ustedes……¡los calambres!
Sí, todo iba bien, me encontraba fuerte y pese a que llevaba un buen ritmo no iba en absoluto a tope ni asfixiado, de hecho iba haciendo números y veía muy muy posible bajar de las 6 horas; no es que fuera a buscar tiempo, pero me encontraba bien y estaba disfrutando y entraba dentro de lo posible. Subimos un cuestón de cuyo nombre no me acuerdo pero sí del porcentaje (habían cartelicos con el nombre y el desnivel, supongo que para acojonar al personal porque era mejor no leerlos): 34% ....y subí de cine, pero luego tropecé con un pedrolo y pisé mal y tuve esa terrible sensación de que algo quería agarrotarse por ahí abajo….seguimos, pasamos por un tramo precioso con cascadas, pozas, y unas escaleras de madera que se me atragantaron un poco, y ya empecé a notar que algo pasaba en mis piernas; más adelante pasamos por una serie de cortafuegos bestiales que te dejaban seco, de este sí que me acuerdo: el Cabroncillo….sí, se llamaba así, lo juro, y al lado de este rimbombante nombre otra cifra: 43% de desnivel. Cabroncillo sería hace años, de pequeño, porque ahora era un cabrón de manual….subidón terrible, me recordó mucho a la subida al Pico Espadán pero cómo si alguien tuviera el mando que regula la inclinación de un sillón de relax o una cama de hospital y hubiera ido presionando el “+” para que aquello se fuera empinando más y más….impresionante…encima mucha piedra suelta que hacía que pisaras y te fueras hacia abajo mientras provocabas un pequeño alud…..vaya tela con la subida…..mis piernas estaban bien, pero la sensación calámbrica ahí estaba, jodiéndolo todo….y al llegar arriba y sentarme para quitarme una zapatilla y sacar una piedra de su interior, ya confirmé que los calambres se venían conmigo: el pié se queda enganchado y solo recupera la movilidad al levantarme de nuevo.
En esos momentos, no me queda más cojones que pasar al modo “correr con calambres” y seguir, un modo que detesto. En ese modo hay dos cosas a tener en cuenta: una no dar pasos largos y no saltar (ohhhhh, con lo que me gusta ir pegando brincos), y dos, no tropezar y caerse, porque si tropiezas todo se acalambra tras golpear tu pierna contra algo, y si finalmente caes, seguramente todo se agarrotará y ya no podrás levantarte…al menos en un buen rato y con unos dolores que no deseo a nadie. Muy bonito todo salvo porque estoy en una zona llena de monte bajo, con millones de raíces traicioneras y ocultas en las que engancharte, y por supuesto con piedras a punta pala; encima, me da mucha rabia porque me encuentro fuerte, voy muy relajado de respiración y de todo, y no me queda otra que ir más despacio…la cosa es que voy chino chano, pero cada vez que la cosa se empina intento trotar y noto cómo poco a poco todo se va agarrotando, por lo que paso…¡qué rabia joder! Tras el alto de Barracas (para llegar aquí las pasas putas) bajo un poco y empiezo a darle caña y a adelantar gente, ya que es terreno técnico y aquí me manejo bien….y de pronto el aductor de mi pierna derecha y el cuádriceps se ponen de acuerdo y se quedan clavados, con un dolor impresionante. Paro, estiro, y veo cómo la gente me va pasando cuesta abajo…..vuelvo a trotar, se va el dolor y ale, para arriba de nuevo. Y básicamente los kilómetros fueron pasando así: con mucho cuidadito para no cagarla. No se me volvió a montar ningún músculo, supongo que el modo calambre sumado a las pastillitas de sales y magnesio harían su función, pero en todo momento tuve esa jodida sensación de que en cualquier momento mis piernas dirían “hasta aquí”. En un momento de la carrera, acercándome al Javalambre (subimos hasta lo más alto, impresionantes vistas y una gran sensación de soledad e inmensidad al estar todo pelado, sin árboles….qué pequeños somos joder), la gente que bajaba y los que subíamos nos cruzábamos, lo que le dio mucho ambiente a la cosa porque así podías saludar….bajamos, y de pronto miro para arriba y allá a tomar por culo veo un punto geodésico, una especie de antenas y gente….madredelamorhermoso, es el Javalambre, me está esperando el muy picarón…subidón terrible, corto pero terrible, y para mi sorpresa, agacho la cabeza cual avestruz y aunque ando, marco un ritmo muy alto y empiezo a adelantar gente…llego arriba, zampo y bebo cómo un poseso, y tiro para abajo sabiendo que (en teoría) estos últimos 15 kilómetros son cuesta abajo…..me cruzo con gente que sube mientras yo bajo (Jose Lillo, Edu, Roberto, Rafa Tamarit…) y me motivo porque voy bajando bien, no cómo yo hubiera bajado, pero bien.
Si al principio hablaba de la carrera sin bajadas es por algo: sí, las habían, pero salvo en los últimos 4 kilómetros, todas transcurrían por el fondo de barrancos con miles de millones de pedruscos, o laderas peladas con mucha inclinación y más pedrolos que no te dejaban recuperar mucho tiempo porque al menor descuido podías despeñarte desde un acantilado…por cierto, en una de estas (sin acantilado, menos mal) me pegué la segunda (y última) hostia del día…veo un cartel donde pone: “peligro, caída” y es verlo y caerme….cómo los chiquillos joder. Bueno, seguimos “bajando” y me sigo preguntando cuando coño acabarán las cuestas, porque no acabo de ver claro lo de “a partir de ahora todo cuesta abajo” cómo me había prometido uno de la organización, y de repente sí, tras el kilómetro 41, aquello por fin se pone cuesta abajo…
Miro el reloj y veo que pese a calambres y demás, me puedo plantar en meta en menos de 6h30m; las matemáticas nunca fueron mi fuerte, pero si voy por debajo de 6 el km entraré en ese tiempo…y cómo soy muy cagón, decido que mejor ir por debajo de 5 y así no me equivoco. Y ahora sí, pista cuesta abajo, empiezo a arrear y veo en el crono 4’30, algún 4’14, y en el avituallamiento del 43 ni me paro porque para dos kilómetros que me faltan….voy muy bien, puede que mis músculos se agarroten y se vaya todo a la mierda, puede que tropiece y me caiga y tenga que llegar a meta andando en 7 horas o más, pero vale la pena arriesgarse….no solo por el tiempo, sino porque me lo estoy pasando de puta madre y para eso corro en montaña: para disfrutar, si solo me preocupara el crono me tendría que replantear muchas cosas…. Y cuando pensaba que todo era pista cuesta abajo, unas señales me indican que gire a la izquierda y que….¡¡¡siiiiií!!!...y que suba de nuevo; me cago en todo, a la mierda la media, a la mierda las matemáticas, pero para mi consuelo la cuesta es corta y la hago trotando, y de pronto seguimos bajando pero por terreno muy técnico…me la juego y bajo a toda hostia derrapando en cada curva y pegando saltos (sí, el “modo calambres” lo llevaba en off), paso a un grupito que me había pasado en el último avituallamiento (tras mirarme con cara de “pobrecito, no puede más”; y es que la gente no entiende que yo cuando como y bebo no corro…en fin) y aquello se va allanando mientras paso por una zona muy bonita donde una familia está de picnic, le choco la mano a una niña que en la otra sostiene un bocata, les digo “bon profit” y sigo zumbando….mi GPS ya indica que he pasado el km 45 y que hay más distancia de la que esperaba, por lo que de tiempo ná de ná, paso al lado de un abrevadero y sin dejar de correr meto la mano y me mojo la cabeza porque hace un calor impresionante, y de pronto veo el pueblo; vamos corriendo por un sendero justo por encima, y a mi izquierda nuevo desvío y bajada radical hacía el asfalto….veo a dos corredores, voy cómo un misil cuesta abajo, y aunque esté feo decirlo, dos palabras vienen a mi cabeza: “estáis muertos”, no me refiero a que fueran mal, sino a que los iba a adelantar sin piedad (comprenderlo, eran muchas horas con miedo a los calambres y ahora estaba desatado) y en efecto, se apartan y paso zumbando….y para mi (grata) sorpresa, entro al pueblo y la meta estaba ahí, al entrar…es que odio llegar a los pueblos y que te hagan hacer 7 kilómetros más callejeando hasta que encuentras la puta meta, oye, que para eso hago carreras de asfalto, a mí me mola el monte y cuando se acaba, quiero que la carrera se acabe lo antes posible, por lo que fantástico no perder el tiempo doblando esquinas y buscando cómo loco el arco.
Y bueno, así acabó la historia, cómo curiosidad, a mí mujer le dije que me esperara en meta a las 14’30, que haría 6 horas y media, hice 6’32 (había casi un kilómetro más de esos 45) por lo que soy un chico puntual. Me bebí 20 o 30 cervezas, comí paella, vi llegar a amigos, saludé y felicité a gente a la que no conocía pero con quienes coincidí a ratos en la carrera (al de los pedos no lo vi, de todas formas no me hubiera acercado), hablé con algunos de la élite trail de Valencia, y poco más.
La carrera es muy bonita, lo malo es que es igual de dura que bonita, por lo que echad cuentas….cuando lo pasas mal, siempre te vienes un poco abajo y dudas de ti, de tu fuerza, de tu voluntad, de si serás capaz de……cuando tuve el tirón en el aductor y en el cuádriceps, estaba en una zona bastante alejada de todo, hasta retirarse (algo que jamás pasó por mi cabeza) era algo complicado porque no había nadie de la organización cerca; y en esos momentos pensé en Transgrancanaria, en lo que supondría que me pasara algo así allí, y me entraron los miedos, las dudas, el “no seré capaz”, pero sí, creo que sí seré capaz. Si algo me ha enseñado este mundillo, es que lo pasamos mal a ratos, que dudamos, pero siempre nos sobreponemos y seguimos adelante, quizás por eso te sientes tan bien cuando lo consigues, quizás por eso ayer disfruté tanto esos últimos kilómetros, porque sabía que pese a haberlo pasado mal, lo había conseguido. Un millón de gracias a todos y todas los que ayer, me hicisteis disfrutar y sentirme tan bien, os quiero!!!
MARATÓN DE JAVALAMBRE: La carrera sin bajadas
“A partir de ahora cuesta abajo”….eso me dijeron ayer varias veces en los avituallamientos, y sí, bajabas, 10 o 20 metros y por unos barrancos llenos de pedrolos asesinos que estaban deseando que te tropezaras y te dejaras otro diente, pero al momento te encontrabas con un nuevo paredón que tenías que subir…bueno subir, escalar encaja más con la realidad….
Estaba yo en casa tan pancho, apuntado a una carrera de 10 kilómetros de asfalto en Burjassot, cuando de pronto leo en el Face a un amigo hablando de su participación en Javalambre, y claro, me dio envidia. Y cómo a ese amigo yo lo metí en el ultra del Sobrarbe de una forma similar, no me quedó otra que apuntarme y olvidarme del (aburrido e insípido) asfalto…así ya estábamos en paz.
Y tras dormir en Ademuz, me planto en la Puebla de San Miguel con mis dos chicas dispuestas a animarme (gracias, mil gracias por este finde); hacía bastante rasca y ya se respiraba el ambientillo pre-carrera de montaña. En una especie de hogar del jubilado o club social o algo así me reúno con la gente del SOM mientras le pego las últimas cucharadas a mi fiambrera con muesli, nueces, semillas de mil cosas “bio”, cereales y mierdas de esas supuestamente sanas y ecológicas, y de paso me acabo mi zumo de naranja. Cambio de ropa, nos ponemos fresquitos, saludo a muchísima gente conocida (no los pongo aquí porque seguro que se me olvida alguien y la liamos, pero me encanta coincidir con vosotr@s una y otra vez; ya sea en La Palma, en Ainsa, o en este pueblecito perdido…), fotos, comentarios, risas, besos para mis chicas antes de salir y ale, a correr, sin disparo, ni pito ni leches….empezamos cuesta abajo mientras un drone sobrevuela nuestras cabezas, y cuando aun no llevo ni 500 metros de carrera me meto la primera hostia, ya que nos han bajado de golpe a un barranco al que te tienes que tirar desde un escalón alto y luego trepar por el otro lado….cómo somos muchos y no cabemos, y todos tenemos prisa, no piso bien y me doy la primera leche….me levanto y a correr.
En muy poca distancia la cosa se pone cuesta arriba, pero yo me encuentro bien y me marco un ritmo alegre…enseguida me topo con uno de los personajes que marcó la primera parte de mi carrera: el tío de la camiseta naranja y la mochila Salomon. No, no lo conocía ni tengo el gusto, pero me resultó peculiar porque algo debía de pasarle ya que cada vez que me acercaba se tiraba una sonora ventosidad, vamos, un pedo. Y cuando te tiras unos 16 kilómetro jugando al “te paso, me pasas, te vuelvo a pasar” pues ya ves….pedos y más pedos. Fueron pasando los kilómetros sin mención reseñable, con la banda sonora proveniente del culo de mi compañero al que dejé atrás allá por el km 17 o 18; yo me encontraba muy bien y hasta trotaba en muchas subidas que se dejaban trotar, hasta en las de cemento (las odio, te dejan seco); en los avituallamientos comía deprisa pero de todo lo que me va: frutos secos, sándwiches de nocilla, pepitas de esas de chocolate, alguna gominola que no tenía en mi riñonera y me apetecía mucho (cómo esas espirales de regaliz….las de color negro, las rojas me gustan menos), plátano, melón…vamos, que cargaba la batería. Y todo fue muy bien hasta que llegaron unos amigos a los que no veía desde hacía un par de años; señoras y señores, con todos ustedes……¡los calambres!
Sí, todo iba bien, me encontraba fuerte y pese a que llevaba un buen ritmo no iba en absoluto a tope ni asfixiado, de hecho iba haciendo números y veía muy muy posible bajar de las 6 horas; no es que fuera a buscar tiempo, pero me encontraba bien y estaba disfrutando y entraba dentro de lo posible. Subimos un cuestón de cuyo nombre no me acuerdo pero sí del porcentaje (habían cartelicos con el nombre y el desnivel, supongo que para acojonar al personal porque era mejor no leerlos): 34% ....y subí de cine, pero luego tropecé con un pedrolo y pisé mal y tuve esa terrible sensación de que algo quería agarrotarse por ahí abajo….seguimos, pasamos por un tramo precioso con cascadas, pozas, y unas escaleras de madera que se me atragantaron un poco, y ya empecé a notar que algo pasaba en mis piernas; más adelante pasamos por una serie de cortafuegos bestiales que te dejaban seco, de este sí que me acuerdo: el Cabroncillo….sí, se llamaba así, lo juro, y al lado de este rimbombante nombre otra cifra: 43% de desnivel. Cabroncillo sería hace años, de pequeño, porque ahora era un cabrón de manual….subidón terrible, me recordó mucho a la subida al Pico Espadán pero cómo si alguien tuviera el mando que regula la inclinación de un sillón de relax o una cama de hospital y hubiera ido presionando el “+” para que aquello se fuera empinando más y más….impresionante…encima mucha piedra suelta que hacía que pisaras y te fueras hacia abajo mientras provocabas un pequeño alud…..vaya tela con la subida…..mis piernas estaban bien, pero la sensación calámbrica ahí estaba, jodiéndolo todo….y al llegar arriba y sentarme para quitarme una zapatilla y sacar una piedra de su interior, ya confirmé que los calambres se venían conmigo: el pié se queda enganchado y solo recupera la movilidad al levantarme de nuevo.
En esos momentos, no me queda más cojones que pasar al modo “correr con calambres” y seguir, un modo que detesto. En ese modo hay dos cosas a tener en cuenta: una no dar pasos largos y no saltar (ohhhhh, con lo que me gusta ir pegando brincos), y dos, no tropezar y caerse, porque si tropiezas todo se acalambra tras golpear tu pierna contra algo, y si finalmente caes, seguramente todo se agarrotará y ya no podrás levantarte…al menos en un buen rato y con unos dolores que no deseo a nadie. Muy bonito todo salvo porque estoy en una zona llena de monte bajo, con millones de raíces traicioneras y ocultas en las que engancharte, y por supuesto con piedras a punta pala; encima, me da mucha rabia porque me encuentro fuerte, voy muy relajado de respiración y de todo, y no me queda otra que ir más despacio…la cosa es que voy chino chano, pero cada vez que la cosa se empina intento trotar y noto cómo poco a poco todo se va agarrotando, por lo que paso…¡qué rabia joder! Tras el alto de Barracas (para llegar aquí las pasas putas) bajo un poco y empiezo a darle caña y a adelantar gente, ya que es terreno técnico y aquí me manejo bien….y de pronto el aductor de mi pierna derecha y el cuádriceps se ponen de acuerdo y se quedan clavados, con un dolor impresionante. Paro, estiro, y veo cómo la gente me va pasando cuesta abajo…..vuelvo a trotar, se va el dolor y ale, para arriba de nuevo. Y básicamente los kilómetros fueron pasando así: con mucho cuidadito para no cagarla. No se me volvió a montar ningún músculo, supongo que el modo calambre sumado a las pastillitas de sales y magnesio harían su función, pero en todo momento tuve esa jodida sensación de que en cualquier momento mis piernas dirían “hasta aquí”. En un momento de la carrera, acercándome al Javalambre (subimos hasta lo más alto, impresionantes vistas y una gran sensación de soledad e inmensidad al estar todo pelado, sin árboles….qué pequeños somos joder), la gente que bajaba y los que subíamos nos cruzábamos, lo que le dio mucho ambiente a la cosa porque así podías saludar….bajamos, y de pronto miro para arriba y allá a tomar por culo veo un punto geodésico, una especie de antenas y gente….madredelamorhermoso, es el Javalambre, me está esperando el muy picarón…subidón terrible, corto pero terrible, y para mi sorpresa, agacho la cabeza cual avestruz y aunque ando, marco un ritmo muy alto y empiezo a adelantar gente…llego arriba, zampo y bebo cómo un poseso, y tiro para abajo sabiendo que (en teoría) estos últimos 15 kilómetros son cuesta abajo…..me cruzo con gente que sube mientras yo bajo (Jose Lillo, Edu, Roberto, Rafa Tamarit…) y me motivo porque voy bajando bien, no cómo yo hubiera bajado, pero bien.
Si al principio hablaba de la carrera sin bajadas es por algo: sí, las habían, pero salvo en los últimos 4 kilómetros, todas transcurrían por el fondo de barrancos con miles de millones de pedruscos, o laderas peladas con mucha inclinación y más pedrolos que no te dejaban recuperar mucho tiempo porque al menor descuido podías despeñarte desde un acantilado…por cierto, en una de estas (sin acantilado, menos mal) me pegué la segunda (y última) hostia del día…veo un cartel donde pone: “peligro, caída” y es verlo y caerme….cómo los chiquillos joder. Bueno, seguimos “bajando” y me sigo preguntando cuando coño acabarán las cuestas, porque no acabo de ver claro lo de “a partir de ahora todo cuesta abajo” cómo me había prometido uno de la organización, y de repente sí, tras el kilómetro 41, aquello por fin se pone cuesta abajo…
Miro el reloj y veo que pese a calambres y demás, me puedo plantar en meta en menos de 6h30m; las matemáticas nunca fueron mi fuerte, pero si voy por debajo de 6 el km entraré en ese tiempo…y cómo soy muy cagón, decido que mejor ir por debajo de 5 y así no me equivoco. Y ahora sí, pista cuesta abajo, empiezo a arrear y veo en el crono 4’30, algún 4’14, y en el avituallamiento del 43 ni me paro porque para dos kilómetros que me faltan….voy muy bien, puede que mis músculos se agarroten y se vaya todo a la mierda, puede que tropiece y me caiga y tenga que llegar a meta andando en 7 horas o más, pero vale la pena arriesgarse….no solo por el tiempo, sino porque me lo estoy pasando de puta madre y para eso corro en montaña: para disfrutar, si solo me preocupara el crono me tendría que replantear muchas cosas…. Y cuando pensaba que todo era pista cuesta abajo, unas señales me indican que gire a la izquierda y que….¡¡¡siiiiií!!!...y que suba de nuevo; me cago en todo, a la mierda la media, a la mierda las matemáticas, pero para mi consuelo la cuesta es corta y la hago trotando, y de pronto seguimos bajando pero por terreno muy técnico…me la juego y bajo a toda hostia derrapando en cada curva y pegando saltos (sí, el “modo calambres” lo llevaba en off), paso a un grupito que me había pasado en el último avituallamiento (tras mirarme con cara de “pobrecito, no puede más”; y es que la gente no entiende que yo cuando como y bebo no corro…en fin) y aquello se va allanando mientras paso por una zona muy bonita donde una familia está de picnic, le choco la mano a una niña que en la otra sostiene un bocata, les digo “bon profit” y sigo zumbando….mi GPS ya indica que he pasado el km 45 y que hay más distancia de la que esperaba, por lo que de tiempo ná de ná, paso al lado de un abrevadero y sin dejar de correr meto la mano y me mojo la cabeza porque hace un calor impresionante, y de pronto veo el pueblo; vamos corriendo por un sendero justo por encima, y a mi izquierda nuevo desvío y bajada radical hacía el asfalto….veo a dos corredores, voy cómo un misil cuesta abajo, y aunque esté feo decirlo, dos palabras vienen a mi cabeza: “estáis muertos”, no me refiero a que fueran mal, sino a que los iba a adelantar sin piedad (comprenderlo, eran muchas horas con miedo a los calambres y ahora estaba desatado) y en efecto, se apartan y paso zumbando….y para mi (grata) sorpresa, entro al pueblo y la meta estaba ahí, al entrar…es que odio llegar a los pueblos y que te hagan hacer 7 kilómetros más callejeando hasta que encuentras la puta meta, oye, que para eso hago carreras de asfalto, a mí me mola el monte y cuando se acaba, quiero que la carrera se acabe lo antes posible, por lo que fantástico no perder el tiempo doblando esquinas y buscando cómo loco el arco.
Y bueno, así acabó la historia, cómo curiosidad, a mí mujer le dije que me esperara en meta a las 14’30, que haría 6 horas y media, hice 6’32 (había casi un kilómetro más de esos 45) por lo que soy un chico puntual. Me bebí 20 o 30 cervezas, comí paella, vi llegar a amigos, saludé y felicité a gente a la que no conocía pero con quienes coincidí a ratos en la carrera (al de los pedos no lo vi, de todas formas no me hubiera acercado), hablé con algunos de la élite trail de Valencia, y poco más.
La carrera es muy bonita, lo malo es que es igual de dura que bonita, por lo que echad cuentas….cuando lo pasas mal, siempre te vienes un poco abajo y dudas de ti, de tu fuerza, de tu voluntad, de si serás capaz de……cuando tuve el tirón en el aductor y en el cuádriceps, estaba en una zona bastante alejada de todo, hasta retirarse (algo que jamás pasó por mi cabeza) era algo complicado porque no había nadie de la organización cerca; y en esos momentos pensé en Transgrancanaria, en lo que supondría que me pasara algo así allí, y me entraron los miedos, las dudas, el “no seré capaz”, pero sí, creo que sí seré capaz. Si algo me ha enseñado este mundillo, es que lo pasamos mal a ratos, que dudamos, pero siempre nos sobreponemos y seguimos adelante, quizás por eso te sientes tan bien cuando lo consigues, quizás por eso ayer disfruté tanto esos últimos kilómetros, porque sabía que pese a haberlo pasado mal, lo había conseguido. Un millón de gracias a todos y todas los que ayer, me hicisteis disfrutar y sentirme tan bien, os quiero!!!
domingo, 8 de mayo de 2016
CSP115, una carrera de extremos
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| El perfil de la carrera |
No lo puedo negar: me encantan los ultras; hay gente que no acaba de verle la gracia a correr durante 12, 15, 20 o 30 horas seguidas, pero estoy convencido de que si alguna vez pudieran vivir en primera persona todo lo que supone participar en una de estas pruebas, cambiarían de opinión. Es muy posible que en mi caso, al ser un corredor lento, le de un enfoque diferente al de muchos otros corredores, ya que en estas pruebas yo solo busco vivir una gran aventura y llegar a meta en buenas condiciones, dejando a un lado la competición pura y dura; eso sí, no puedo ser hipócrita y reconozco que siempre hace ilusión recortar tu tiempo, pero no para decir que soy más rápido que este o aquel, sino para decir que he sido capaz de superarme, de vencerme. Soltado este pequeño rollo a modo introducción, diré que mi único objetivo participando por segunda vez en CSP (ya hice esta carrera en 2013) era conseguir los tres puntos que me faltaban para a final de año, poder participar en el sorteo de esa carrera con la que todos soñamos: UTMB (Ultra Trail MontBlanc), 170 kilómetros y 10000+ que siguen siendo una pequeña obsesión para muchos de nosotros.
Y con esta premisa me presento en Castellón city, al objeto de recoger mi dorsal en la mañana del viernes 22 (la carrera salia esa misma noche a las 0'00 horas); allí coincido con Javi y Josevi, dos buenos amigos, quienes me presentan a otro Javier (Romero) quien resulta ser un fenómeno en todos los sentidos. Haciendo cola para pillar la bolsa del corredor coincidimos con Victor, y tras tenerlo ya todo recogido al coche y vuelta a Xirivella...
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| En la feria del Corredor en Castellón |
La idea la de siempre: a dormir una buena siesta para estar fresco durante la noche, pero pese a los tapones y la media pastillita de melatonina que me tomo, antes de las dos horas ya estoy despierto y acelerado. Miro el móvil y veo que tengo una llamada de mi hermano, le llamo y me da un sorpresón: él y mi cuñada me van a acompañar durante toda la carrera; han pillado un hotel en Burriana y serán mi equipo de apoyo...tras decirles que están chalaos, acabo de prepararlo todo y me voy con mis chicas a un centro comercial a comprar algunas cosillas de casa y de paso, a despejar mi mente. A las 21'15 me recoge mi equipo técnico y ale, rumbo a Burriana y después a Castellón. La verdad es que estoy muy tranquilo, de hecho estoy demasiado tranquilo; haber finalizado Transgrancanaria hace mes y medio me da una falsa sensación de seguridad al ser una carrera más dura que esta que voy a hacer.....sí, así de rara es la cabeza, pero iba hacia Castellón con un programa mental más o menos así: "bueno, son 115 kms, 10 menos que en Gran Canaria y casi 3000 metros de desnivel positivo menos....esto es puro trámite"...ojo, que no iba así de tranquilo por chulería o porque fuera superentrenado ni nada por el estilo, al contrario, de las 6 semanas que hubieron entre carrera y carrera en 3 de ellas no corrí nada (gripes, mareos, trabajo, niña, etc) y en las otras 3 no pasé de correr 31 kms....o sea, que flojito flojito....pero no sé, así me sentía; cómo digo, iba extrañamente seguro, supongo que a todo te acostumbras y quizás por eso, tras lo de Gran Canaria, 115 kms y 5500 mts+ ya no me parecían "tantos"....muy pronto descubriría lo equivocado que estaba y la realidad me pegaría una buena leche en toda la cara...
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| Embadurnándome de vaselina antes de empezar |
Llegamos a la UJI de Castellón bastante pronto, a las 22'30 o así, y poco a poco aquello se va llenando de corredores y corredoras. Estoy muy contento por tener aquí a mi hermano y a mi cuñada, pero el motivo principal no es porque me vayan a acompañar (sí, ya sé que suena raro), lo que más me alegra es el que puedan estar viviendo esto conmigo, el que formen parte de todo y entiendan lo que esto supone para mí. Si hay algo que me gusta y sé que no logro tanto cómo quisiera, es compartir lo que siento y vivo con los demás, ese es el motivo de mis tochocrónicas, y si me gusta tanto es porque quiero que la gente se sienta tan bien cómo me siento yo, algo muy muy difícil de conseguir para mí. Por eso tenerlos aquí, a mi lado, e irles contando cosas de este mundillo, me encanta. Y en sus caras noto que están disfrutando de este ambiente extraño hasta ahora para ellos. Al ir a dejar las bolsas que me llevarán a Culla y a meta veo a Edu de Corremon, quien viene a acompañar a un amiguete, charlamos y me da ánimos para lo que me espera. Entro en las pistas y me encuentro con Isabel Murillo que ha venido a animar a los de su equipo, luego hablo con los tres corredores del SOM Passatge que se enfrentarán con estos 115 kms, veo a Roberto y a Rubén de Corremon que también están ahí para animar, y luego me voy juntando con Josevi, Javi, el "otro" Javi y la gente de Corremon....estoy muy contento y feliz, y mi equipo técnico está casi más nervioso y excitado que yo. Ya hemos pasado el control de material, ya estoy dentro, y ahora solo queda que den la salida....mi hermano y mi cuñada no dejan de hacer fotos, de grabar vídeos.....yo creo que si les hubiera dejado mi dorsal hubieran salido corriendo.....Depa va calentando el ambiente, un minuto de silencio por las víctimas del terremoto de Ecuador, vuelve la música y "aaaaarrrrrrribaaaaa"....esto empieza....
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| Con mi equipo antes de salir |
Empezamos a correr rumbo a Borriol, este año la carrera sale por primera vez de noche (antes salía el sábado a las 6 de la mañana con los de la MIM), y el tramo de Borriol es completamente nuevo. Hacemos un tramo de asfalto y nos metemos en el monte. Lo primero que noto es que de piernas voy congestionado, que no las noto ligeras, y eso que tres días antes las había descargado en el fisio.
Aun así no me preocupo mucho y sigo porque sé que al principio todo es raro. Empezamos a subir y ver la serpiente multicolor de los frontales me deja de nuevo alucinado....la de veces que la he visto, pero me sigue fascinando ver esa hilera de lucecitas en mitad de la montaña. Llaneamos, al fondo veo el Castillo de Borriol, y empezamos a bajar por un tramo técnico y resbaladizo....sigo sin encontrar finas mis piernas, pero ahí vamos....llegamos a Borriol, km8 de carrera, y nada más entrar al pueblo me encuentro a mi hermano y mi cuñada animándome....me pega un buen subidón y les grito: "venga a dormir", y aunque viene una
calle bastante empinada, la subo trotando porque hay un ambientazo de tres pares de cojones y diría que medio pueblo está allí animando. Paro en el avituallamiento, como algo, recargo agua y seguimos.....ahora hacemos parte del recorrido del Maratón de Borriol, subimos a la ermita y en vez de subir (escalar es la palabra más apropiada) por el tramo del Maratón, lo hacemos por una vía algo más suave que discurre paralela por la izquierda....la subida es dura y ya empiezo a notar que esto va en serio, y esa falsa seguridad con la que yo venía se va esfumando.....
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| Dejando atrás Castellón |
Tras esta subida volvemos al llaneo y luego pues lo típico: sube, baja, llanea, mezclando algún sendero con tramos de cómoda pista. Mis piernas siguen igual: van cómo agarrotadas, doloridas, pesadas, pero lo que empieza a asustarme es que mi cabeza ya está empezando con los malos pensamientos, demasiado pronto para eso....a la típica y negativa pregunta que te surge siempre en estas carreras, ya sabes, la de "¿qué coño estás haciendo aquí?", se une una dolorosa afirmación: "estás sufriendo y te quedan muchas horas de sufrimiento" seguida de otra pregunta, novedad en mi catálogo de ideas para destrozarte moralmente, que no deja de atormentarme: "¿para quien estás corriendo?". Esta última cuestión no deja de herirme por dentro, es cómo un insecto que me carcome el cerebro; pienso que si no estuviera mi equipo aquí, si no hubiera Facebook y si no hubiera livetrail, yo no estaría corriendo...vamos, que si solo yo supiera que estoy aquí, si nadie más lo supiera, abandonaría y punto. Sé que nada de esto tiene sentido, sé que estoy aquí porque quiero, porque me gusta,
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| El impresionante paso por Borriol |
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| Correr de noche es una experiencia increible |
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| Consultando el siguiente punto de control |
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| Rumbo a Atzeneta |
Ver cómo empieza a amanecer hace que de repente, de mi mente se vayan todos los malos pensamientos y empiece a sentirme realmente bien. Mis piernas están ligeras, no me duele nada, voy muy bien de tiempo y no estoy en absoluto cansado....Josevi y yo vamos hablando de carreras, de corredores, empieza a clarear y vemos a los primeros madrugadores que salen a animarnos por cualquier sitio, a hacernos fotos....vemos Atzeneta ante nosotros, estamos corriendo por terreno prácticamente llano, el sol empieza a brillar con fuerza e ilumina las flores de los campos junto a los que corremos.....este momento me resulta mágico, todo lo negativo que sentía se ha esfumado y ahora me siento justo al contrario: positivo, feliz, lleno de energía, y aunque quedan casi 70 kilómetros para llegar a meta, yo tengo la sensación de que salvo que me lesione, me ponga a vomitar, o me pegue una buena hostia, ya tengo la carrera en el bolsillo.....no, no me preguntes por qué, es la cabeza, la puta cabeza, pero en apenas media hora había pasado de pensar en abandonar, a sentirme ganador....
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| CSP |
Llegamos al pueblo, km47, Josevi me dice que sigue adelante, que ya le pillaré, pero yo me paro porque tengo que guardarme el frontal y rellenar agua. Salgo unos minutos después y tras atravesar el pueblo, encaro un sendero con una muy ligera inclinación hacia arriba que hago trotando mientras adelanto a algunos corredores que andan; salimos del pueblo y vamos subiendo, me encuentro muy bien y me encantan los colores que van rompiendo conforme el sol coge fuerza y altura, sé que ahora viene un tramo duro: la subida a Benafigos con su terrible "muro", pero nos meten por un barranco que no me suena de nada, y unos corredores me dicen que este tramo también es nuevo y que el muro ya no se hace. Sigo de lejos a Josevi, a quien vi al salir de Atzeneta, y poco a poco me voy acercando a él, hasta que lo paso cuando él y otros corredores tienen el mismo problema que tuve yo en Useres: se han pasado el cruce...vuelven y Josevi se pone justo detrás de mí. El barranco se las trae, muy sucio, lleno de grandes pedruscos con pasos delicados donde algún corredor se cae y le ayudamos a levantarse, luego salimos de allí y empezamos una corta y dura subida, un tramo de pista en ligero ascenso, y luego ya la subida al pueblo (se ve desde abajo, está a tomar por culo) en unos tramos en zig-zag con bastante pendiente. Josevi se va descolgando, yo me giro en cada curva hasta que al final lo pierdo de vista.....llego arriba, de nuevo la misma sensación: no me ha costado mucho esfuerzo subir, y tras callejear a toda leche (hay mucho ambiente y la gente te anima) llego al avitualliento (km 57). Allí está de speaker Kike Moret, yo me siento, me zampo uno de los sandwiches de chorizo y queso que llevo en la mochila, luego un croassan de chocolate, bebo mucho, y luego pillo cosas del avituallamiento, disfrutando enormemente con un pastelito de chocolate (goloso que es uno). Enciendo el móvil y hablo con mi mujer, y aprovecho para mandar algunos wachaps....hablo con Edu, cuyo amigo tiene problemas digestivos y decide abandonar; y cuando me voy a largar aparece Josevi. Me dice que lleva muy mal las subidas, charlamos y me largo...ya no lo volví a ver.
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| Control de Culla, km 70 |
Pese a que me encuentro muy bien de piernas, los cuadriceps están agarrotados y deduzco que me pasa lo mismo que con las medias de compresión...saliendo de Benafigos veo un sitio que pone "WC", me meto, me despeloto y me quito los pantalones de compresión...¡¡¡aleluya!!!....ahora sí, ahora sí que tengo las piernas ligeras, fuertes y con ganas de marcha. Salgo disparado cuesta abajo notando mis piernas frescas, cómo si no hubieran corrido.....contra todo pronóstico, las prendas de compresión que deberían de ayudarme, han hecho todo lo contrario: frenarme, agarrotarme; ahora sin ellas me siento genial. Voy a buen ritmo, contento, pero temeroso porque ahora viene para mí el peor tramo: la subida a Culla por Peñacalva. La primera vez que vi esa puta subida, en 2013, pensé "¿pero por ahí se puede subir?....si no hay camino"...y sí, lo hay, un interminable y durísimo zigzag entre pedreras que te deja seco. Voy hablando con otros corredores que no han hecho CSP, alguno me dice que ya no se sube por allí, pero yo ya veo al fondo esa tremenda pared y sé que no hay otra forma de llegar a Culla....el camino engaña porque nos lleva justo por enfrente: subiendo, bajando, girando, y hay momentos en los que pienso que igual tienen razón porque no me suena tanta cosa....pero al final se impone mi teoría, salimos al barranco y nos quedamos a pié de paredón.....yo paro, meo, me como una gominola y pongo la reductora...poco a poco voy ganando altura, paso a algunos corredores, la cuesta pica pero menos de lo que recordaba, y a la que me descuido ya estoy en lo más alto....ahora viene una subida más suave, otro tramo corto y duro (pero nada que ver con lo subido antes) y luego se acabó lo peor....mientras subo pillo a Fernando, del SOM, le pregunto cómo va y me dice: "¿pues cómo voy a ir?, jodido", sigo para arriba, la cuesta se acaba, empieza un pequeño camino hormigonado cuesta arriba, me hacen unas fotos, y le pregunto al fotógrafo:"¿eso es Culla?" (aunque sé que es Culla, pero necesito que alguien me lo diga), y cuando me dice que sí y aquello se allana y luego se pone cuesta abajo, empiezo a correr a toda leche mientras voy pasando a corredores que van caminando tras el subidón de Peñacalva.
Voy corriendo a buen ritmo, no estoy cansado pese a que llevo 70 kilómetros en mis piernas, voy encontrando gente conforme llego al pueblo y todos dejan lo que están haciendo y me aplauden y animan (impresionante cómo viven en Castellón las carreras de montaña), y en muy pocos minutos ya veo la entrada al pueblo....alguien grita mi nombre, y allí están: mi hermano y mi cuñada. Están muy contentos, se ponen a correr a mi lado porque les digo que hasta que no llegue al avituallamiento no paro; y de pronto veo a una chica que me aplaude y me llama por mi nombre, al principio no la reconozco pero enseguida caigo: es Marisa del SOM.....está finísima (no me extraña, menuda corredora está hecha, haciendo podiums en muchas carreras), por eso no la había reconocido, le doy dos besos y le doy las gracias por estar ahí.....entre mis familiares, Marisa, y la gente del pueblo que no deja de aplaudir, me llevan en volandas hasta el avituallamiento donde entro acompañado de mi hermano. Culla es junto a Vistabella, un avituallamiento donde hay mesas, sillas y platos de pasta y similares para reponerse. Cojo mi bolsa que han traído desde la salida, cojo algunas cosas del interior, dejo otras (cómo el puto pantalón de compresión,
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| Tengo hambreeee |
Salimos del pueblo y empiezo a bajar a toda hostia por un tramo que me encantó en 2013, no sé por qué pero me recuerda al Cañón del Colorado. Sé que ahora queda un tramo duro, pero también sé que si llego a Vistabella más o menos entero, la meta será mía. Empiezo a mirar el reloj y a hacer cálculos, y si sigo así las 24 horas que hice hace tres años pueden quedarse en 22, aun así no me confio. Voy chinochano pero no dejo de pasar gente: subo andando pero rápido, y en llano y bajando troto, lo hago cómo un robot, no me paro a pensarlo, simplemente lo hago. Supongo que cada corredor tendrá su estrategia en estas carreras, pero a mí el "modo robot" me va bien: bebe, come, cada cierto tiempo toma sales o magnesio, anda
cuando haya que subir, y trota el resto del tiempo; lo hago de forma automática, es cómo si me programaran, y oye, te evita tener que pensar y martirizarte en exceso. Voy acercándome a San Bertomeu, una pequeña ermita en mitad de la nada rodeada de unos paisajes que a mi me encantan....me doy cuenta de que el trazado, y al contrario de cuando pasé por aquí en 2013, evita la pista y te mete todo el rato por senderos....a veces por senderos que discurren paralelos a la pista tan solo dos o tres metros....a ratos me mola y a ratos no, porque parece que por pista llegas antes. Llego al avituallamiento, los voluntarios son unos y unas cachondos y cachondas, y para animarnos enchufan un micro a un altavoz y se ponen a cantar.....la escena me resulta divertida, van diciendo "corredor 2456 bienvenido a San Bertomeu" y cosas así....bebo, y me largo rumbo a Vistabella. Sigo en plan robot y voy pasando gente, y a la que me descuido veo el pueblo..."¿yaaaaaa?" me pregunto....pues sí, ya, debería haber llegado aquí a las 6 de la tarde pero me escanean el dorsal de entrada al avituallamiento justo a las 4.....cómo mi hermano y mi cuñada no están, les llamo al móvil. Vienen enseguida, lo primero que me dice mi cuñada es: "¿has hecho trampa?" y me entra la risa....cómo me esperaban dos horas más tarde, estaban en el coche descansado al lado del avituallamiento. No paran de decirme que soy un máquina, que si casi llego yo antes corriendo que ellos en coche, y yo no paro de reír y de decirles que están
chalaos, que yo de máquina más bien poco. Zampo de nuevo (poco, no tenía mucha hambre), hablo de nuevo con mi mujer, mando algunos wachaps, y me piro...¡nos vemos en Xodos!
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| Control Vistabella km 88 |
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| Cuando me dicen que soy un máquina me entra la risa |
Empiezo a estar cansado porque voy a buen ritmo, pero sigo teniendo piernas y muchas ganas. Voy rumbo a Xodos por un tramo que no me suena (este trozo también es nuevo) y tras pasar el cartel del "km95" recorro los 2 kilómetros más largos del mundo, porque no se acababan nunca. Ya veo Xodos abajo, está chulísimo desde aquí, y pese a que parece que ya he llegado aun me tiro un rato subiendo y bajando ya que para entrar al pueblo hay que dar más vueltas que un reloj....de nuevo mi hermano y mi cuñada me están esperando, de nuevo lo mismo, que si casi llego yo antes que ellos (es lo que tienen las carreteras de montaña de esa zona), y mientras como, bebo y recargo me dice mi cuñada que han estado con Kike Moret, que está en el pueblo. Es que ellos trabajaron juntos y se conocen, de ahí el comentario. El cielo está cada vez más negro, y pese a que ya me había caído algo de lluvia saliendo de Vistabella, parece que la cosa va a ir a peor. Salgo de Xodos siguiendo los carteles que separan a los corredores de CSP de la MIM (a Xodos llegamos todos) y cuando estoy saliendo oigo desde muy arriba "Jesuuuuu" y veo a mi equipo saludándome desde lo alto; estoy un poco nervioso porque sé que la próxima vez que los vea será en meta, porque sé que ahora vamos para bingo. Tras una bajada empieza una larga subida y pierdo de vista el pueblo. Recuerdo que todo esto lo pasé de noche en 2013, y hacerlo de día me encanta ya que la zona está muy chula. Me acoplo con un grupete de 4 corredores, pasamos juntos el cartel del km 100 (siempre hace ilusión pasarlo) y cuando empieza un tramo de subida durilla decido adelantarlos y aprieto, aunque pensaba que me cogerían porque subian mejor que yo.
Al final de los cuatro solo uno sube conmigo y vamos charrando.....y sin darnos cuenta llegamos a Mas del Collao (km104), otro avituallamiento en mitad de la nada. Bebo y como rápidamente, y los que fueron mis acompañantes durante los últimos kilómetros se paran y se sientan en unas sillas con caras de cansados. Yo tiro para adelante porque para que las cuentas me salgan hay que seguir y porque aunque esté feo decirlo, me encuentro muy pero que muy bien.
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| Con Kike Moret en Xodos |
Voy corriendo por un sendero aéreo y muy bonito, sé que ya me quedan pocas subidas, y que son cortitas y no muy duras, y por ello subo el ritmo. Me encuentro genial, estoy disfrutando mucho, el tiempo está empeorando por momentos y le da a aquello un toque casi épico....¡¡¡cómo mola!!!......y por si fuera poco, y para poner la guinda a ese pastel que me
estoy metafóricamente zampando, a mi derecha aparece majestuoso el Penyagolosa....¡qué pasada! Lo voy bordeando por abajo, es precioso, con un tono rojizo en su roca que me hipnotiza....hablo con él un poco, lo saludo, recuerdo cuando muchos años atrás lo subí por primera vez, recuerdo otra vez que subimos nevando.....joder, estoy pletórico. Cuando ya lo he perdido de vista y he subido un buen tramo, paro y me pongo la chaqueta porque me estoy congelando. Hace mucho frío, viento, y a ratos llueve. Cuando estoy acabando de ponerme la mochila veo que está llegando un corredor al que adelanté....lo siento amigo, pero ahora toca sendero entre el bosque cuesta abajo, justo el hábitat donde mejor me siento, y salgo disparado hacia abajo a toda velocidad.....estoy feliz, voy muy rápido, mis piernas responden.....estoy cerca ya, sé que muy pronto llegaré a la pista y de ahí a meta....en pocos minutos llego a la pista, adelanto a dos corredores, en el km 110 hay otro avituallamiento pero no paro, y los voluntarios me aplauden.....está anocheciendo, y cómo la pista va por el interior del bosque me pongo el frontal. Me quedan 5 kilómetros y voy a bajar de las 22 horas, no me lo creo ni yo, y decido que ahora corro todo el rato, incluso subiendo, y de esta forma voy pasando gente y ganando minutos al crono...
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| Llegando a Xodos |
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| En meta |
Ya oigo la megafonia de meta, también la música....aprieto el ritmo, animo a todo aquel corredor al que adelanto: "¡vamos que ya lo tenemos!"; recuerdo de mi anterior CSP que tras la pista, había una bajada y llegaba a meta....pero en realidad no era así, aunque yo en esos momentos no lo sabía. El camino gira a la izquierda, no tengo a nadie delante ni detrás y estoy corriendo a un buen ritmo. Sigo las cintas que señalan el camino, pero poco a poco voy dejando de escuchar la megafonia de meta....de pronto empiezo a subir, oigo muy lejos la megafonia, dejo de nuevo de oirla....y mi cabeza se empieza a trastornar...enciendo el frontal, estoy corriendo sólo, me estoy poniendo muy nervioso y asustado y una idea aparece en mi mente: estás corriendo al revés, te estás alejando de meta, has debido de pasarte algún cruce y vas hacia Xodos siguiendo el camino que hacen los de la MIM. No sé por qué, pero estaba convencido de que me estaba pasando
eso, tan convencido estaba, que decido frenar en seco y me pongo a correr en la dirección opuesta, es decir, vuelvo por donde he venido. Voy así un rato hasta que a lo lejos veo frontales que se acercan, por lo que me doy de nuevo la vuelta convencido ahora, de que o voy bien, o vamos todos mal. Sigo corriendo, no escucho nada, pero paso por un tramo donde hay que subir unos pedruscos que me resulta familiar....sí, voy bien. Acelero, voy bajando, sigo sin escuchar nada pero voy pasando gente, por lo que estoy en el buen camino. De pronto escucho de nuevo la megafonia, cada vez más cerca, pero no llego nunca a meta....los minutos van pasando, corro rápido y con miedo a resbalar porque está todo embarrado por la
lluvia, y de pronto aparecen unas luces y escucho el sonido del compresor....¡¡¡ahora sí!!!...pongo el frontal a tope de luz y acelero cómo si estuviera haciendo un 400....bajo, hago el pequeño circuito balizado, y entro en meta con una sonrisa en la cara y una sensación de paz en mi interior que no puedo describir. 21h29m08s, ese fue mi tiempo, para mí todo un triunfo aunque es muy modesto. Lo importante es que estoy entero y muy feliz.
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| ¡Lo conseguimos! |
Por desgracia mi hermano y mi cuñada no están en meta, llegan allí 5 minutos después. Y es que pese a llevar en ese lugar desde las 7 de la tarde, un pequeño problema en la organización con los buses les obligó a dejar Sant Joan a las 9 de la noche para tener que
volver más tarde, 5 minutos tarde. Lo siento mucho más por ellos que por mí, porque después de la paliza que se habían pegado se perdieron el momento más esperado, pero eso no nos quita la alegría...les doy las gracias un millón de veces, les digo que esa medalla es de los tres, que sin ellos yo no estaría ahí, y mucho menos, en el estado en el que me encuentro.
Y eso fue todo, para mí CSP supuso una carrera de extremos: de estar hundido anímicamente, a estar exultante....jamás entenderé cómo funciona mi cabeza, sigue siendo un misterio. Reconozco que disfruté mucho la carrera desde que amaneció, que pese a seguir siendo un lentorro las largas distancias me siguen gustando y enseñando muchas cosas, y de nuevo he vuelto a comprobar que querer es poder. Me quedo con un montón de momentos vividos, con la alegría de ver a amigos y compañeros en carrera, con esa gente de Castellón que lo dejaba todo para animarte, con esa luna entre los árboles y la niebla, con ese Penyagolosa, con la gente que ha estado conmigo en la distancia, y sobre todo, con todo lo que han hecho por mí mi hermano y Anun, mi cuñada. Gracias, es lo único que os puedo decir, gracias a todos, y a ti por estar ahí....
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